Homilía del Obispo en Peregrinación Diocesana a Luján

//Homilía del Obispo en Peregrinación Diocesana a Luján

Homilía del Obispo en Peregrinación Diocesana a Luján

Homilía pronunciada por el Obispo Jorge Vázquez en la Eucaristía celebrada en la Basílica de Luján, el 26 de mayo de 2019, con motivo de la Peregrinación Diocesana al Santuario de Nuestra Señora de Luján.

Durante la Misa, fue admitido a las Sagradas Órdenes el seminarista Agustín Mirabella.


“Madre, con esperanza caminamos junto a Ti”
Virgencita de Luján, Madre del pueblo argentino, Madre nuestra. Aquí estamos ante Ti nuevamente, como hace un año atrás: somos la Iglesia que peregrina en Morón, Hurlingham e Ituzaingo; la Iglesia del camino, y lugar de cruce de caminos.
 
Somos la Iglesia de la ermita, la posta de los caminantes, donde la gente te venera como la Madre del Buen Viaje.
 
Estamos llamados a ser albergue donde se descansa y se encuentra alivio, lugar donde se recuperan las fuerzas para continuar la marcha, especialmente esa  gran peregrinación de la vida que nos conduce a la casa del Padre para celebrar la Pascua eterna. Somos tienda de campaña donde hospedar a tantos heridos, a tantos hombres y mujeres que están medio muertos tirados a un costado del camino (cfr Lc. 10, 30).
 
Te pedimos Madre que nos des el coraje para salir a los caminos y descubrir por donde transita nuestra gente, que salgamos al encuentro y que también seamos capaces de generar el encuentro, ser espacio de escucha y de libertad donde todos puedan abrir el corazón, compartir sus alegrías, sus dolores y sobre todo sus esperanzas.
 
Espacio de paz y reconciliación. Lugar donde se genera el auténtico diálogo desde el cual construimos la unidad, lugar donde se alimenta la esperanza que nos da la fuerza para el camino y nos abre los horizontes para construir con la fuerza del Resucitado una Iglesia nueva y una patria nueva.
 
Virgencita queremos experimentar tu mirada, sentirla y acogerla. Esa mirada de ternura, mirada que nos alivia, que nos consuela. Mirada misericordiosa que nos impulsa a ser misericordiosos. Mirada de Madre que nos hace hermanos.
 
Madre de Luján queremos pedirte la gracia de una fe viva, la que surge del encuentro con el Cristo vivo, al que corresponde también una Iglesia viva. La Iglesia de la Pascua, que quiere hoy escuchar la Palabra del Resucitado, sus palabras que son espíritu y vida. Te pedimos Virgencita que nos enseñes a escuchar y a recibir la Palabra con el corazón como lo hiciste vos, a guardarla y hacerla vida. Pedí para nosotros el don del Espíritu, que nos abre a la comprensión de la misma, y que es la memoria que nos la recuerda siempre. Danos la gracia de comprender que permanecer en Jesús es amar, es crear fraternidad en la Iglesia y en el mundo.
 
Por eso la Palabra que Jesús Resucitado nos dirige hoy es esta: Amor.
 
Permanecer en el amor. “El cristianismo no es una religión del libro, sino de una Palabra viva que es Persona, hecha amor” y que nos dejó como legado fundamental ese amor: “ámense los unos a los otros como Yo los amé”. (Jn. 13, 34)
 
Jesús nos regala también su paz y su alegría. Jesús nos anima y nos dice a todos:  “no tengan miedo” (Jn. 14, 27b). Y estas palabras abren en nuestra vida personal y comunitaria la senda de la esperanza como experiencia fuerte de la Pascua y nos impulsan a caminar como testigos de la misma.
Virgencita gaucha alcanzanos la gracia de ser Iglesia servidora de la esperanza de nuestro pueblo, de nuestras familias, de nuestros jóvenes, de la esperanza de los pobres que confían en vos. Iglesia llamada a ser signo de esperanza en este tiempo y en este momento histórico que nos toca vivir. La esperanza nos mueve al compromiso y a la acción para construir un mundo nuevo, una sociedad nueva.
 
Madre de Luján,  animados por la esperanza caminamos junto a Ti llevando a todos la alegría de Jesus Resucitado, la alegría del Evangelio.
 
Ponemos nuevamente en tus manos nuestro caminar juntos, nuestro sínodo. Hemos venido recorriendo el camino de la Escucha, sin la cual es imposible caminar juntos. Queremos traerte lo que hemos vivido, lo que hemos escuchado. Recibí los frutos de la Asamblea de la escucha que hemos vivido en el mes de octubre, donde  hemos compartido sentimientos, sueños, realidades que nos preocupan y otras que nos dan esperanza. De un modo especial queremos decirte Virgencita, que la propuesta de ser una Iglesia en salida, una Iglesia sinodal, nos da mucha esperanza.
 
Hoy la palabra nos narra el primer concilio de Jerusalén, “autentica experiencia sinodal en el que la Iglesia Apostólica, en un momento decisivo de su camino, vive su vocación bajo la luz de la presencia del Señor Resucitado en vista de la misión. Este acontecimiento a lo largo de los siglos será interpretado como la figura paradigmática de los sínodos celebrados por la Iglesia” (CTI 20)
 
El hecho de haber sido convocados, tenidos en cuenta y escuchados se experimentó como algo novedoso y esperanzador. Uno de los signos más claros de la presencia y la acción del Espíritu en la Asamblea fue la alegría. La misma alegría que tiempo después vivenciamos en la celebración diocesana de las confirmaciones de jóvenes y adultos.
 
Hemos tratado de escuchar los gemidos de los pobres, de los descartados, de los jóvenes que no le encuentran sentido a la vida porque no tienen horizontes. Hemos escuchado también en la asamblea sinodal organizada por la pastoral  social los reclamos de los trabajadores ,de los comerciantes y empresarios, que nos trajeron el dolor y la frustración de lo que significa, para tantas familias, el drama  de la falta de trabajo. Todo te lo confiamos Madre atiende nuestras suplicas.
 
Virgen de Lujan la Iglesia de Morón haciendo suya la esperanza del pueblo peregrino, sus gozos, sus luchas, sus sufrimientos, los anhelos de todos; hoy se pone nuevamente en camino y quiere asumir como Vos lo hiciste el don y la tarea de ser Pueblo de Dios que escucha anuncia y se compromete.
 
Agustín Mirabella, hoy  tu vida se compromete. Sos un joven que va a vivir su sacerdocio como fruto de este tiempo Sinodal. Sos para todos nosotros un signo de esperanza.
 
+ Padre Jorge Vázquez
Obispo de Morón

2019-05-26T16:05:45-03:00