La siguiente guía tiene como fuente Lectionautas,  difundido por el Departamento de Animación y Pastoral Bíblica de la Conferencia Episcopal Argentina, elaborado por monseñor Damián Nannini (Obispo de San Miguel).

Nicolas Poussin – Invierno|El diluvio (Entre 1660-1664). Forma parte de la colección Las cuatro estaciones.  Óleo sobre tela, 118 cm x 160 cm. Museo del Louvre.

Preparación espiritual

Espíritu Santo, quiero ponerme a tu servicio.
Espíritu Santo, toma mi vida para ser testigo de la Palabra.
Espíritu Santo, cuenta conmigo para la misión de hacer realidad el Reino.
Espíritu Santo, que en comunidad podamos vivir concretamente el evangelio.
Amén.

Evangelio según San Mateo 24, 37-44. |Primer domingo de adviento. Ciclo A

37 «Con la venida del Hijo del hombre sucederá como en tiempos de Noé. 38 Como en aquellos días antes del diluvio, la gente comía, bebía y se casaba hasta el momento en que Noé entró en el arca, 39 sin darse cuenta de nada hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos. Así también será la venida del Hijo del hombre.
40 Entonces, de dos que estén en el campo, uno será tomado y el otro dejado; 41 de dos mujeres que estén juntas moliendo grano, una será tomada y la otra dejada. 42 Por tanto, estén vigilantes, porque no saben el día en que regresará su Señor». 43 «Entiendan que si el dueño de una casa supiera a qué hora va a llegar el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que asaltara su casa. 44 Por eso también ustedes estén preparados, porque a la hora menos pensada vendrá el Hijo del hombre».

Algunas preguntas para una lectura atenta 

1. ¿Qué comparación hace Jesús entre la venida del hijo del hombre y el diluvio en tiempos de Noé?
2. ¿Qué significa que de dos uno será tomado y otro dejado?
3. ¿Qué actitud pide Jesús a los creyentes y por qué?
4. ¿Por qué compara Jesús su venida con la de un ladrón?
5. ¿Qué actitud de vida propone Jesús a partir de este ejemplo?

Algunas pistas para comprender el texto:
Mons. Damián Nannini 

El evangelio de hoy nos ubica ante lo que sucederá al final de los tiempos con la venida (“parusía”) del hijo del hombre. Y lo que sucederá se describe comparándolo con el diluvio, narración que encontramos en libro del Génesis (cap. 6-8). Este relato se presenta como tipo del juicio de Dios sobre la humanidad pecadora. Las sanciones de Dios son a la vez purificación y salvación porque la destrucción es necesaria para señalar el mal, pero al mismo tiempo es necesario mostrar que Dios es más fuerte que el mal. Su acción es como la de las aguas que destruyen todo y, a la vez, hacen flotar el arca de Noé salvándola.

Jesús al comparar el día final con el diluvio pone de relieve su carácter sorpresivo para la mayoría de las personas. Todas llevaban una vida normal, sin sospechar que el juicio de Dios estaba próximo. Señalemos que no hay una condena moral sobre la conducta de los contemporáneos de Noé; sólo se señala su falta de conocimiento del tiempo final, su despreocupación y su vida superficial.

El aspecto judicial de la venida del hijo del hombre está presente en la distinción entre las parejas: de dos hombres uno será llevado, otro dejado; y lo mismo de las dos mujeres. Tampoco aquí se da una justificación moral de la elección de uno y del rechazo de otro, dentro del mismo grupo familiar. La intención del texto es evitar que alguno se sienta excluido de esta situación pues puede sucederle a cualquiera y la advertencia es para todos.

Como siempre, la exhortación de Jesús ante la posibilidad del fin es estar prevenidos, vigilantes, despiertos. Al final (24,43-44) Jesús añade algo que aparece varias veces en el Nuevo Testamento y que es la comparación del día final con la llegada de un ladrón por cuanto nos sorprenderá si no lo esperamos: «vendrá a la hora menos pensada». La actitud que aconseja aquí Jesús es la misma, pero con un matiz más bien activo: velar, estar preparados. Se trata de estar listos, como lo estaban las “vírgenes
prudentes” a la llegada del esposo y por eso entraron en la fiesta (cf. Mt 25,10).

Meditación ¿Qué me dice el Señor en el texto?

Cada adviento la Iglesia pone al cristiano en situación vital de esperanza: debe esperar la llegada del día final. Y esto es necesario porque nuestra esperanza suele estar dormida y nuestro sentido trascendente de la vida apagado. Justamente el evangelio nos advierte del peligro que acecha nuestra vida cristiana si perdemos de vista el fin trascendente de la misma. Se trata de un peligro muy sutil, ya que muchas veces no se trata de hacer algo claramente malo, sino de dejarse atrapar y enceguecer por las múltiples actividades de la vida cotidiana, como les sucedía a los contemporáneos de Noé. Sobre este peligro nos decía el Papa Benedicto XVI: «Todos tenemos experiencia, en la existencia cotidiana, de tener poco tiempo para el Señor y poco tiempo también para nosotros. Se acaba por estar absorbidos por el “hacer”. ¿Acaso no es cierto que a menudo sea la actividad quien nos posee, la sociedad con sus múltiples intereses la que monopoliza nuestra atención?

¿Acaso no es cierto que dediquemos mucho tiempo a la diversión y a ocios de diverso tipo? A veces las cosas nos “atrapan”. El Adviento, este tiempo litúrgico fuerte que estamos empezando, nos invita a detenernos en silencio para captar una Presencia. Es una invitación a comprender que cada acontecimiento de la jornada es un gesto que Dios nos dirige, signo de la atención que tiene por cada uno de nosotros. ¡Cuántas veces Dios nos hace percibir algo de su amor! ¡Tener, por así decir, un “diario interior” de este amor sería una tarea bonita y saludable para nuestra vida! El Adviento nos invita y nos estimula a descubrir la Presencia del Señor en nuestra vida cotidiana. La certeza de su Presencia ¿no debería ayudarnos a ver el mundo con ojos diversos? ¿No debería ayudarnos a considerar toda nuestra existencia como «visita», como un modo en que Él puede venir a nosotros y sernos cercano, en cada situación?”

Por su parte, el tono algo amenazador del evangelio es un recurso pedagógico para invitarnos a estar siempre vigilantes y preparados para el día final, dado su carácter sorpresivo e inesperado. Sobre esta actitud de vigilancia decía el Papa Francisco en el ángelus de 27 de noviembre de 2022: “Hermanos y hermanas, en este tiempo de Adviento, ¡sacudamos el letargo y despertemos del sueño! Preguntémonos:¿soy consciente de lo que vivo, estoy alerta, estoy despierto? ¿Estoy tratando de reconocer la presencia de Dios en las situaciones cotidianas, o estoy distraído y un poco abrumado por las cosas? Si no somos conscientes de su venida hoy, tampoco estaremos preparados cuando venga al final de los tiempos. Por lo tanto, hermanos y hermanas, ¡permanezcamos vigilantes! Esperando que el Señor venga, esperando que el Señor se acerque a nosotros, porque está ahí, pero esperando: atentos. Y la Virgen Santa, Mujer de la espera, que supo captar el paso de Dios en la vida humilde y oculta de Nazaret y lo acogió en su seno, nos ayude en este camino a estar atentos para esperar al Señor que está entre nosotros y pasa”.

En conclusión, creo que podríamos sacar como consigna para esta primera semana del Adviento el estar más atentos a Dios y a su obra en nosotros cuyo objetivo es despertar el deseo del encuentro con el Señor. Esta es justamente la vigilancia cristiana de que nos habla el evangelio: ¡a despertar se ha dicho!

Continuamos la meditación con las siguientes preguntas: 

1. ¿Me dejo absorber totalmente por mis ocupaciones cotidianas?
2. ¿Encuentro un sentido trascendente a mi vida, un más allá de lo cotidiano?
3. ¿Pienso alguna vez que todo va a terminar, que habrá un fin del mundo?
4. ¿Trato de estar atento, vigilante al paso de Dios por mi vida?
5. ¿He tenido experiencia de alguna visita concreta del Señor a mi vida?

Oración: ¿Qué le respondo al Señor que me habla en el texto? 

Gracias Jesús por ser el Siempre Presente.
Regálame cada día de este adviento que sepa encontrar
un momento de silencio para compartir con Vos.
Que el hacer por hacer no me absorba.
Hacé que sepa descubrir tu paso en lo sencillo y escondido.
Quiero, con tu ayuda, poder encontrar
el sentido de lo trascendente en mi vida.

Amén.

Contemplación: ¿Cómo hago propias en mi vida las enseñanzas del texto?

Jesús, quiero estar más atento a Vos y a tu obra en mí.

Acción: ¿A qué me comprometo para demostrar el cambio?

Durante esta semana me propongo estar más atento a los detalles deseando encontrar a Dios
en ellos.

Bitácora de grandes Lectionautas 

«Que la Virgen María nos ayude a no ser personas y comunidades resignadas con el presente, o peor aún, nostálgicas del pasado, sino orientadas hacia el futuro de Dios, hacia el encuentro con Él, nuestra vida y nuestra esperanza”, Papa Francisco.