La siguiente guía tiene como fuente Lectionautas,  difundido por el Departamento de Animación y Pastoral Bíblica de la Conferencia Episcopal Argentina, elaborado por monseñor Damián Nannini (Obispo de San Miguel).

Claudio Coello (1661). Cristo servido por ángeles. Óleo sobre lienzo, 189 x 145,5 cm. Museo del Prado.

Preparación espiritual

Espíritu Santo, condúceme en este camino hacia la Pascua.
Espíritu Santo, llévame a la Buena noticia que hoy escucho.
Espíritu Santo, impúlsame al encuentro con mis hermanos.
Espíritu Santo, sorpréndeme con lo que Jesús
quiera regalarme en este encuentro.

Amén.

Evangelio según San Mateo 4,1-11 |Domingo 22 de febrero de 2026. Ciclo A

1 Enseguida, el Espíritu llevó a Jesús al desierto para ser puesto a prueba por el Diablo. 2 Después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches, al final sintió hambre. 3 El Tentador se acercó y le dijo: «Si tú eres el Hijo de Dios, ordena que estas piedras se conviertan en panes». 4 Jesús le respondió: «Las Escrituras dicen: El hombre no vivirá solo de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». 5 Luego, el Diablo tomó a Jesús y lo llevó a la Ciudad Santa, lo puso sobre la parte más alta del Templo 6 y le dijo: «Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Te encomendará a sus ángeles y te llevarán en sus manos, para que tu pie no tropiece con ninguna piedra». 7 Jesús le contestó: «También dicen las Escrituras: No pondrás a prueba al Señor, tu Dios».
8 Por último, el Diablo lo llevó a una montaña muy alta, le mostró todos los reinos del mundo con su esplendor 9 y le prometió: «Te daré todo esto si te postras y me adoras». 10 Jesús le dijo: «¡Vete, Satanás! Porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y solo a él darás culto». 11 Entonces el Diablo lo dejó y unos ángeles se acercaron para servirle.

Algunas preguntas para una lectura atenta 

1) ¿A dónde lo conduce el Espíritu a Jesús y para qué?
2) ¿Qué hace Jesús en el desierto y qué siente al final?
3) ¿Qué le pide el tentador en primer lugar a Jesús y qué le responde Jesús?
4) ¿A dónde lo lleva el diablo a Jesús y qué le propone? ¿Qué le responde Jesús?
5) ¿A dónde lo lleva el diablo a Jesús en la tercera tentación y qué le pide que haga a cambio de darle todos los reinos?

Algunas pistas para comprender el texto:
Mons. Damián Nannini 

Empecemos notando que como trasfondo del relato de las tentaciones de Jesús están las narraciones de las pruebas de Israel durante los cuarenta años de camino por el desierto (cf. Ex 15-17 y Nm 14-20). Ante la prueba el pueblo reaccionó con la murmuración y reveló así su corazón incrédulo. Jesús, en cambio, vence las tentaciones y permanece fiel al designio del Padre, revelando su corazón de Hijo obediente.

La mención del Espíritu que conduce a Jesús al desierto vincula este texto con el anterior, el del Bautismo de Jesús, porque en “ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia él” (Mt 3,16). También las dos primeras tentaciones, al comenzar con la expresión “Si eres Hijo de Dios”, remiten a Mt 3,17 dónde “se oyó una voz del cielo que decía: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección”. Es decir, al salir de las aguas del Jordán el Padre lo confiesa como su Hijo muy querido; en el desierto el diablo va a poner a prueba la filiación de Jesús, su fidelidad al Padre.

Mateo resalta el ayuno de “cuarenta días con sus cuarenta noches” (4,2) que hace Jesús en el desierto. Vale la aclaración de las noches porque el ayuno más frecuente era durante todo el día hasta el atardecer. Al señalar que al final de este ayuno Jesús sintió “hambre”, da pie a la primera tentación que será sobre este tópico.

En efecto, la primera tentación, al pedirle que transforme piedras en panes para poder comer, busca que Jesús oriente su filiación en beneficio propio y no como dependencia y donación total al Padre. El milagro sería simplemente para satisfacer su hambre. La respuesta de Jesús, citando Dt 8,3 («El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios»), es una clara negativa a hacer este milagro junto a una declaración de que su vida se regula, se alimenta de la obediencia a la Palabra de Dios.

La segunda tentación encierra una gran presunción pues quiere que Jesús salte del pináculo del templo de Jerusalén (unos 100 metros de altura), obligando a Dios a intervenir de modo extraordinario para salvarlo. Con esta acción le estaría exigiendo al
Padre que interviniera en una situación de emergencia provocada por él mismo. En este caso la tentación busca apoyarse en una cita bíblica (Sal 91,11-12) en la que Jesús debe creer y arrojarse “confiando” en Dios. Pero esto es lo que justamente la Escritura denuncia como “tentar a Dios”, en cuanto querer poner a prueba su poder o su fidelidad.

Por eso Jesús responde con la expresión: “no tentarás al Señor tu Dios” (Dt 6,16). En la tercera tentación el diablo lleva a Jesús a un monte muy alto. Allí le muestra todos los reinos de la tierra y su gloria, y le ofrece el dominio del mundo. ¿No es precisamente esa la misión del Mesías, establecer su reinado en el mundo? ¿No debe ser Él el rey del mundo, que reunirá a toda la tierra en un gran reino de paz y de bienestar? Entonces se le sugiere a Jesús que haga alianza con los poderes de este mundo (que el evangelio considera bajo dominio de Satán) para realizar su misión. Pero el precio de esto sería caer en idolatría, pues sólo ante Dios hay que postrarse y adorar, como enseña Dt 6,13, texto que cita Jesús.

Meditación ¿Qué me dice el Señor en el texto?

El evangelio nos invita a reflexionar sobre el desierto como imagen de la cuaresma que hemos comenzado a caminar. «En primer lugar el desierto, donde Jesús se retira, es el lugar del silencio, de la pobreza, donde el hombre es privado de los apoyos materiales y se encuentra de frente a las preguntas fundamentales de la existencia, es empujado a ir a lo esencial y precisamente por esto es más fácil encontrar a Dios» (Benedicto XVI). Por tanto, busquemos en esta cuaresma momentos de soledad para orar más, para reflexionar sobre el curso de nuestra vida, cómo estamos viviendo y si estamos conformes con nuestra vida considerando nuestra relación con Dios, con los demás, con nosotros mismos y con la creación.

Pero también el desierto aparece como el lugar de la tentación, de la lucha, de la decisión. En el desierto de nuestras vidas se pone a prueba la verdad más íntima de nosotros mismos pues en este espacio de silencio y de soledad aparece lo diabólico, es decir lo que desgarra y divide interiormente al hombre. En este sentido, la cuaresma
nos invita a tomar conciencia de estas tentaciones o solicitudes internas al pecado y a combatirlas, a vencerlas con la gracia de Dios y las prácticas cuaresmales (ayuno, oración y limosna).

El desierto, dónde se dan la prueba y la tentación, es también un lugar de aprendizaje para el hombre pues allí mismo tomamos conciencia de nuestra fragilidad, de nuestra debilidad y del pecado que anida en nuestro corazón. Y esto es bueno porque nos lleva a reconocer que necesitamos de la gracia y la misericordia de Dios.

Esto lo notó muy bien San Agustín quien al respecto decía que Dios tienta a fin de que el hombre mismo se descubra; por tanto la tentación es una forma de interrogación y de enseñanza que conduce al hombre al descubrimiento de su verdadero yo. Al respecto decía el Papa Francisco en el ángelus del 26 de febrero de 2023: “El diablo quiere aprovechar la condición humana de Jesús, que se encuentra débil porque ha ayunado durante cuarenta días y tiene hambre (cfr. Mt 4,2). El maligno intenta entonces instilar en Él tres “venenos” potentes con el fin de paralizar su misión de unidad. Y estos venenos son el apego, la desconfianza y el poder. Ante todo, el veneno del apego a las cosas, el apego a las necesidades; mediante razonamientos persuasivos, el diablo trata de sugestionar a Jesús: “Tienes hambre, ¿por qué tienes que ayunar? Escucha tu necesidad, satisfácela, tienes derecho y tienes también poder para ello: transforma las piedras en pan”. Después, el segundo veneno, la desconfianza: “¿Estás seguro de que el Padre quiere tu bien? —insinúa el maligno—.

¡Ponlo a prueba, chantajéalo! Tírate desde el punto más alto del templo y haz que haga lo que tú quieres”. Por último, el poder: “¡No necesitas a tu Padre! ¿Por qué esperar sus dones? ¡Sigue los criterios del mundo, logra todo tú solo y serás poderoso!”. Las tres tentaciones de Jesús. E igualmente nosotros vivimos estas tres tentaciones, siempre. Es terrible. Pero es así también para nosotros: el apego a las cosas, la desconfianza y la sed de poder son tres tentaciones frecuentes y peligrosas que el diablo emplea con el fin de dividirnos del Padre y hacer que ya no nos sintamos hermanos y hermanas entre nosotros; las usa para llevarnos a la soledad y a la desesperación. ¡Esto es lo que quiere hacer el diablo, esto es lo que quiere hacernos a nosotros: llevarnos a la desesperación!

Pero Jesús vence las tentaciones. ¿Y cómo las vence? Evitando discutir con el diablo y respondiendo con la Palabra de Dios. Cita tres frases de las Escrituras que hablan de libertad respecto a las cosas (cfr. Dt 8,3), de confianza (cfr. Dt 6,16) y de servicio a Dios (cfr. Dt 6,13), tres frases opuestas a las tentaciones. No dialoga nunca con el diablo, no negocia con él, sino que rechaza sus insinuaciones con las Palabras benéficas de las Escrituras. Esto supone una invitación para nosotros: ¡con el diablo no se discute! No se negocia, no se dialoga; no se le vence tratando con él, es más fuerte que nosotros. Al diablo se le vence oponiéndole con fe la Palabra divina. Jesús nos enseña a defender de este modo la unidad con Dios y entre nosotros de los ataques del que divide. La Palabra divina es la respuesta de Jesús a las tentaciones del diablo”.

Continuamos la meditación con las siguientes preguntas: 

1. ¿Busco momentos de soledad para encontrarme más a fondo conmigo mismo y con Dios?
2. ¿Puedo identificar dónde el mal espíritu me está tentando para que me aparte del camino del Señor?
3. ¿Estoy prisionero de mis apegos, de mis éxitos o del tener poder?
4. ¿Lucho con estas tentaciones recurriendo a la Palabra de Dios?
5. ¿He logrado aprender algo sobre Dios y su misericordia a través de las tentaciones y caídas de mi vida?

Oración: ¿Qué le respondo al Señor que me habla en el texto? 

Gracias Jesús por tu presencia en mi desierto.
Gracias por ser mi compañero fiel.

Quiero abrazar mis debilidades, asumir mis fragilidades.
Que no me apegue a lo que me aparta de Vos.
Solo juntos podremos vencer mis tentaciones.

Quiero aprovechar este tiempo, regálame una verdadera conversión.
Que no me estanque en mi egoísmo ni en mi soledad.
Que esta cuaresma sea un camino de comunión con Vos,
conmigo mismo, con mis hermanos y con la creación.

Amén

Contemplación: ¿Cómo hago propias en mi vida las enseñanzas del texto?

Jesús, que con tu compañía pueda transitar este camino de conversión.

Acción: ¿A qué me comprometo para demostrar el cambio?

Durante esta semana me propongo identificar mi desierto y las tentaciones de este
tiempo.

Bítcacora de grandes Lectionautas

“Quien no es tentado, no es probado y quien no pasa por la prueba no adelanta”, San Agustín.