La siguiente guía tiene como fuente Lectionautas,  difundido por el Departamento de Animación y Pastoral Bíblica de la Conferencia Episcopal Argentina, elaborado por monseñor Damián Nannini (Obispo de San Miguel).

Giovanni Francesco Penni; Giulio Romano (Según modelo de Rafael) (1520-1528). La Transfiguración. Óleo sobre tabla, 402 x 267 cm. Museo del Prado.

Preparación espiritual

Espíritu Santo, condúceme en este camino hacia la Pascua.
Espíritu Santo, llévame a la Buena noticia que hoy escucho.
Espíritu Santo, impúlsame al encuentro con mis hermanos.
Espíritu Santo, sorpréndeme con lo que Jesús
quiera regalarme en este encuentro.

Amén.

Evangelio según San Mateo  17,1-9 |Domingo 1 de marzo de 2026. Segundo domingo de cuaresma. Ciclo A

1 Seis días después, Jesús tomó aparte a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos a una montaña alta. 2 Allí, en presencia de ellos, se transfiguró: su rostro empezó a brillar como el sol y su ropa se hizo blanca como la luz. 3 En esto se les aparecieron Moisés y Elías conversando con Jesús.
4 Pedro se dirigió a Jesús y le dijo: «¡Señor, qué bien estamos aquí! Si quieres voy a hacer aquí tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». 5 Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió y una voz que venía de la nube dijo: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco. ¡Escúchenlo!». 6 Al oír la voz, los discípulos se postraron rostro en tierra llenos de temor. 7 Jesús se acercó a ellos, los tocó y les ordenó: «¡Levántense, no teman!». 8 Levantaron la vista, pero no vieron a nadie, sino a Jesús solo. 9 Mientras ellos bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No le cuenten a nadie esta visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos»

Algunas preguntas para una lectura atenta 

1) ¿Qué pasó seis días antes de este relato; qué dijo Jesús y qué relación tiene con la transfiguración?
2) ¿A qué apóstoles lleva Jesús con él? ¿Aparecen juntos en otro lugar?
3) ¿Qué hace Jesús en presencia de los tres y qué revela de este modo?
4) ¿Quiénes se aparecen junto a Jesús y qué simbolizan o representan?
5) ¿Cómo reacciona Pedro ante esta visión y qué le pide al Señor?
6) ¿Qué simboliza la nube y de quién es la voz que se escucha y qué pide?
7) ¿Qué les pide Jesús a sus discípulos al bajar del monte?

Algunas pistas para comprender el texto:
Mons. Damián Nannini 

El relato de la transfiguración viene colocado en los tres evangelios sinópticos a continuación del primer anuncio de la pasión y de la exigencia de renuncia total para seguir a Jesús. En Mateo esta vinculación se hace explícita con la referencia cronológica con que se inicia el relato: “Seis días después”. Por tanto, al relacionar la transfiguración con el primer anuncio de la pasión podemos decir que se hacía necesario que, al menos algunos de sus discípulos (Pedro, Santiago y Juan, los considerados como columnas en Gal 2,9), tuvieran una experiencia que disipara el temor y la angustia generados por tal anuncio y, para ello, les concede una visión anticipada de la gloria prometida después de padecer.

En Mateo estos tres discípulos son los más cercanos a Jesús y aparecen junto a él en dos momentos claves: la transfiguración y el huerto de los Olivos (cf. Mt 26, 37). Por tanto, estos tres discípulos están asociados a la agonía y a la gloria de Jesús. Una vez en el monte, Jesús se transfigura delante de los tres apóstoles. El término griego que utiliza el evangelio para describir la transfiguración supone una transformación o cambio de forma, imagen o figura. Referido a Cristo los Padres de la Iglesia lo han entendido como una manifestación de su Divinidad que hasta entonces permanecía oculta bajo el velo de su humanidad. Esta transformación viene expresada con dos efectos visibles externos: el rostro brillante como el sol y los vestidos blancos como la luz. Estás imágenes luminosas recuerdan la forma de manifestarse la gloria de Dios en el Antiguo Testamento y también nos remiten a la figura gloriosa de Cristo resucitado. R. Cantalamessa dice acerca de lo que sucedió a Cristo en su transfiguración: «Jesús, aquel día, en su humanidad ¡entró en éxtasis! Esta es quizás la categoría menos inadecuada que poseemos para describir lo que entonces sucedió en Jesús […] Él estaba feliz. La Transfiguración es un misterio de felicidad divina. Todo el torrente de alegría que fluye entre el Padre y el Hijo, que es el mismo Espíritu Santo, en esa ocasión «desbordó» el jarrón de la humanidad de Cristo».

En la escena, junto a Jesús, aparecen Moisés y Elías que representan la Ley y los Profetas respectivamente, y que están dialogando con Jesús Ante esta escena Pedro reacciona con una auténtica exclamación: «Señor, que hermoso (kalós) es estarnos aquí». La transfiguración es un misterio de belleza divina, de esplendor de la verdad y del bien de Dios mismo. Pedro se siente «atrapado» por esta visión y quiere hacer tres carpas para quedarse allí. Mientras Pedro decía esto una nube luminosa, signo de la presencia de Dios y del Espíritu Santo, los cubre con su sombra. Desde allí sale una voz: no hay dudas de que se trata de la voz del Padre.

La Voz de Dios revela quién es Jesús, su Hijo amado y predilecto, y lo que sus discípulos tienen que hacer: escuchar a Jesús, es decir, obedecerle, seguirle. Es la misma voz del Padre que se escuchó al salir Jesús del Jordán luego de ser bautizado (cf. Mt 3,17). En ambos casos Dios acredita a Jesús como Hijo con la misma autoridad que Él tiene. Lo nuevo aquí es el mandato de escucharlo, por lo cual la palabra del Hijo es ahora la palabra de Dios que hay que escuchar.

El efecto de esta voz sobre los discípulos – caen rostro en tierra y se llenan de miedo – confirma claramente que se trata de una manifestación de Dios, de una teofanía. Luego, cuando el Señor les pide que se levanten y que no teman, ven a Jesús sólo, desaparecieron las otras voces de Dios, Moisés y Elías, la Ley y los Profetas; ahora tenemos la Palabra del Hijo como única expresión plena y definitiva de la voluntad del Padre.

Al final del relato los discípulos son invitados por “Jesús solo” a levantarse y a no tener miedo. Sigue luego la referencia a la resurrección que le da a toda la narración el carácter de una gloria pascual anticipada, pero pasajera. Hay que bajar del monte y seguir el camino del abajamiento propio del hijo del hombre.

Meditación ¿Qué me dice el Señor en el texto?

En el evangelio de hoy Jesús invita a tres de sus discípulos a subir al monte elevado y se transfigura delante de ellos y les permite tener una experiencia de gran gozo y consolación. También nosotros, en nuestro camino cuaresmal, somos invitados a subir un poco para ponernos por encima de todo el trajinar cotidiano y encontrarnos con el Señor transfigurado en la oración. Porque la oración es un medio necesario, es como la ventana abierta a esa realidad definitiva que anhelamos: nuestra transformación en Dios.

En nuestra oración estamos llamados a revivir la experiencia de la transfiguración de Jesús que vivieron los discípulos; a encontrarnos con Cristo glorioso y resplandeciente que llenará de luz nuestra inteligencia y de calor nuestro corazón al punto que, como Pedro, querremos permanecer allí. Al respecto, nos dice el Papa Francisco: “Dios es Amor, y, por lo tanto, los discípulos han visto con sus ojos la belleza y el esplendor del Amor divino encarnado en Cristo. ¡Tuvieron un anticipo del paraíso!

¡Qué sorpresa para los discípulos! ¡Habían tenido ante sus ojos durante tanto tiempo el rostro del Amor y no se habían dado cuenta de lo hermoso que era! Solo ahora se dan cuenta y con tanta alegría, con inmensa alegría. Jesús, en realidad, con esta experiencia los está formando, los está preparando para un paso todavía más importante. Poco después, en efecto, deberán saber reconocer en Él la misma belleza, cuando suba a la cruz y su rostro sea desfigurado. A Pedro le cuesta entender: quisiera detener el tiempo, poner la escena en “pausa”, estar allí y alargar esta experiencia maravillosa; pero Jesús no lo permite. Su luz, de hecho, no se puede reducir a un “momento mágico”. Así se convertiría en algo falso, artificial, que se disuelve en la niebla de los sentimientos pasajeros. Al contrario, Cristo es la luz que orienta el camino, como la columna de fuego para el pueblo en el desierto (cf. Ex 13,21). La belleza de Jesús no aparta a los discípulos de la realidad de la vida, sino que les da la fuerza para seguirlo hasta Jerusalén, hasta la cruz. La belleza de Cristo no es alienante, te lleva siempre adelante, no hace que te escondas: ¡sigue adelante!” (ángelus 5 de marzo de 2023).

La oración del cristiano tiene como punto necesario de partida la escucha de la Palabra de Dios, de Jesús. Este es el mandato de la voz del Padre que resonó en el monte de la transfiguración: escucharlo, obedecerlo, seguirlo. Como bien nos señala el Papa León XIV en su mensaje de cuaresma de este año: “Todo camino de conversión comienza cuando nos dejamos alcanzar por la Palabra y la acogemos con docilidad de espíritu. Existe, por tanto, un vínculo entre el don de la Palabra de Dios, el espacio de hospitalidad que le ofrecemos y la transformación que ella realiza. Por eso, el itinerario cuaresmal se convierte en una ocasión propicia para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección Las tentaciones de Jesús al inicio de la cuaresma nos hicieron tomar conciencia de la presencia del mal en nuestras vidas; y de la inevitable lucha entre mal y bien; entre muerte y vida, dándonos esperanza por el triunfo alcanzado por Cristo. Hoy se hace realidad esa esperanza al presentarnos la posibilidad no sólo de vencer el mal sino transfigurarlo.

Luego habrá también que estar dispuestos a bajar del monte, a volver otra vez a lo mismo, a lo cotidiano. Pero nosotros ya no seremos los mismos.

Continuamos la meditación con las siguientes preguntas: 

1. ¿He tenido alguna experiencia fuertemente consoladora de la presencia luminosa
del Señor en mi oración?
2. ¿He experimentado algún cambio o transformación en mi vida como fruto de la
oración perseverante?
3. ¿Qué voces escucho y sigo en mi vida?
4. ¿Dónde y cómo puedo escuchar a Jesús?
5. ¿He logrado comprender que la cruz es el único camino hacia la gloria?

Oración: ¿Qué le respondo al Señor que me habla en el texto? 

Gracias Jesús por transfigurarte.
Gracias porque me invitas a la oración.
Quiero escucharte sin prisa, con atención.

Que no me deje arrastrar por las cosas que el mundo me ofrece.

Sólo Vos puedes transformarme.
Quiero cargar mi cruz para seguirte.
Sólo ese es el camino hacia la gloria.
Vayamos juntos.
Amén

Contemplación: ¿Cómo hago propias en mi vida las enseñanzas del texto?

Jesús, que tu transfiguración me aliente a la oración. Solo así podré vivir
transfigurado.

Acción: ¿A qué me comprometo para demostrar el cambio?

Durante esta semana me propongo fijarme un tiempo y un lugar para la oración. Elijo a
alguien para invitar y compartirla.

Bítcacora de grandes Lectionautas

“La oración dilata el corazón, hasta el punto de hacerlo capaz de contener el
don que Dios nos hace de Sí mismo”, (Santa Madre Teresa de Calcuta).