La siguiente guía tiene como fuente Lectionautas, difundido por el Departamento de Animación y Pastoral Bíblica de la Conferencia Episcopal Argentina, elaborado por monseñor Damián Nannini (Obispo de San Miguel).

Gustave Doré (1843). Jesus Prechant Sur La Montagne. Óleo sobre lienzo, 130 x 196 cm.
Preparación espiritual
Espíritu de Jesús, fuerza de vida nueva, aliéntanos.
Espíritu de Jesús construye un corazón nuevo en cada uno
para que hagamos vida los sueños del Padre.
Espíritu del Resucitado, ven a nosotros para que aprendamos a ser
comunidad que se alimenta con la Palabra.
Evangelio según San Mateo 5, 17-37 |Sexto domingo durante el año. Ciclo A
17 «No piensen que he venido a abolir la Ley o los Profetas. No he venido a abolirlos, sino a llevarlos a plenitud. 18 Les aseguro que mientras duren el cielo y la tierra no pasará ni la letra más pequeña o tilde de la Ley hasta que todo llegue a su cumplimiento». 19 «A quien no cumpla uno de estos mandamientos más pequeños y
así lo enseñe a los demás, Dios lo considerará el menor en el Reino de los cielos. En
cambio, al que los cumpla y los enseñe, él lo considerará grande en el Reino de los
cielos».
20 «Por eso yo les digo que si no superan a los maestros de la Ley y a los fariseos en vivir conforme al plan de Dios, ustedes no entrarán en el Reino de los cielos».
21 «Ustedes oyeron que se dijo a los antepasados: No matarás, pues el que mate será llevado a juicio; 22 pero yo les digo que todo el que se enfurezca contra su hermano será sometido a juicio, el que lo insulte será llevado ante el tribunal y el que lo desprecie será condenado a la Gehena. 23 De modo que si al presentar tu ofrenda sobre el altar recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, 24 deja tu ofrenda allí y ve primero a ponerte en paz con tu hermano, después regresa y presenta tu ofrenda. 25 Ponte de acuerdo con tu adversario mientras vas con él por el camino, no sea que te entregue al juez y este al guardia, para que te encierre en la cárcel. 26 Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo».
27 «Ustedes oyeron que se dijo: No cometerás adulterio; 28 pero yo les digo que todo el que mira a una mujer deseándola ya cometió adulterio con ella en su interior. 29 Si tu ojo derecho te lleva a pecar, sácatelo y arrójalo lejos de ti, porque es mejor que se pierda uno de tus miembros y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena. 30 Y si tu mano derecha te lleva a pecar, córtatela y arrójala lejos de ti, porque es mejor que se pierda uno de tus miembros y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena». 31 «También se dijo: El que se separe de su mujer, que le dé un certificado de repudio; 32 pero yo les digo que el que se separe de su mujer, excepto cuando se trate de unión ilegítima, la expone a ser adúltera, y el que se case con una separada comete adulterio».
33 «También oyeron que se dijo a los antepasados: No jurarás en falso, y cumplirás al Señor tus juramentos; 34 pero yo les digo que de ningún modo juren, ni por el cielo, que es el trono de Dios, 35 ni por la tierra, que es el estrado donde él pone sus pies, ni por Jerusalén, que es la ciudad del gran rey. 36 Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes convertir en blanco o negro uno solo de tus cabellos. 37 Que la palabra de ustedes sea “sí” cuando es sí y “no” cuando es no; lo demás viene del Maligno».
Algunas preguntas para una lectura atenta
1. ¿Qué relación tiene Jesús con la ley (los mandamientos) y los profetas?
2. ¿Cómo interpreta Jesús el mandamiento “no matar”?
3. ¿Cómo interpreta Jesús el mandamiento de “no cometer adulterio”?
4. ¿Qué piensa Jesús del divorcio y de la unión matrimonial?
5. ¿Qué enseña Jesús sobre el “jurar” y la veracidad en el hablar?
Algunas pistas para comprender el texto:
Mons. Damián Nannini
En esta sección del Sermón del monte debemos distinguir entre los versículos 17-
20 que son una introducción a las normas particulares; y los versículos 21-48 que
contienen las normas particulares referidas a la relación con el prójimo. De esta
segunda parte hoy leeremos los versículos 21-37 mientras que los versículos 38-48 se
leen en el séptimo domingo durante el año.
Los versículos 17-20 nos presentan el valor que tienen «la ley y los profetas» para
Jesús; por cuanto habla de cumplimiento o plenitud; es decir, la ley y los profetas
estarán vigentes, con su sentido pleno, en las enseñanzas de Jesús. Y esta es
justamente la misión de Jesús (“he venido”) como Maestro: revelar el sentido pleno de
la Escritura. M. Grilli, después de un profundo análisis, concluye afirmando que “Jesús
ha revelado el sentido definitivo del Antiguo Testamento; Jesús cumple la ley antigua
en cuanto él es el intérprete autorizado”. Ahora bien, este cumplimiento tiene como
contenido los mandamientos interpretados por Jesús como voluntad de Dios y
observados de un modo superior a como lo hacen los maestros de la ley de Israel y los
fariseos. Justamente es esta nueva interpretación de la Ley como voluntad del Padre
la que ofrece Jesús a continuación.
La sección de 5,21-48 tiene una estructura clara: son seis antítesis o superaciones
presentadas en dos grupos de tres (5,21-32 y 5,33-47).
La primera antítesis remite como cita de la Escritura al quinto mandamiento del
decálogo: «No matarás» (Ex 20,13; Dt 5,17). Jesús con su «pero yo les digo» se coloca
al mismo nivel que Dios en el Sinaí y profundiza esta prohibición extendiéndola al enojo
y al insulto o agresión verbal al prójimo. Vale decir que en la interpretación que hace
Jesús se quebranta el mandamiento no sólo con la muerte física sino con la agresión
verbal.
Los versículos 23-24, iniciados con un «por tanto», son la consecuencia práctica de
lo anterior. Si se ofendió al hermano («tu hermano»), hay que reconciliarse. No pueden
agradar a Dios nuestras ofrendas y dones si un hermano tiene un motivo justificado de
queja contra nosotros. La comunión entre hermanos da valor y validez a la ofrenda
hecha a Dios. Los versículos 25-26 refuerzan la motivación de la reconciliación y
exhortan a su prontitud, a hacerlo cuanto antes.
La segunda antítesis (5,27-30) se refiere al sexto y noveno mandamiento del
decálogo: «no cometerás adulterio» (Ex 20,14; Dt 5,18) y «no desearás la mujer de tu
prójimo» (Ex 20,17; Dt 5,21).
Para Jesús el matrimonio no se quebranta sólo con el acto de adulterio, sino ya con
el deseo voluntario de hacerlo, simbolizado con la mirada. Mirar a una mujer casada
deseándola implica la intención de realizar la acción adúltera y es juzgado por Jesús
como un hecho consumado. Al igual que en el caso anterior, el mandamiento es
radicalizado. Le siguen dos consejos prácticos que exhortan a evitar firmemente toda
ocasión de pecado, con la motivación de la condenación escatológica (ser arrojado a
la Gehena).
La tercera antítesis (5,31-32) se refiere al divorcio remitiéndose a la permisión del
acta de repudio que estableció Moisés según Dt 24,1-4. En este caso Jesús contradice
la enseñanza de Moisés y la interpretación común de los rabinos que basándose en Dt
24,1-4 permitían por cualquier motivo el divorcio. Para Jesús, tanto la mujer divorciada
que contrae nuevo matrimonio como el que se casa con una divorciada, cometen
adulterio.
La cuarta antítesis remite a la prohibición de jurar falsamente de Lev 19,12. En
contraposición, Jesús prohíbe radical y absolutamente todo juramento y exige una
veracidad incondicional en el hablar (cf. Mt 5,33-37).
Meditación ¿Qué me dice el Señor en el texto?
El evangelio que leemos hoy comienza con una clara exhortación de Jesús a
cumplir con los mandamientos de la Ley de Dios, incluso con los más pequeños. En
esto no hay vuelta que darle pues nos dice que Él mismo vino a cumplir, esto es, a
llevar a su plenitud los mandamientos de Dios. No se trata, por tanto, de una utopía o
de algo imposible, sino que se trata de llevarlos a la vida, de vivirlos. En ellos se revela
la voluntad de Dios, lo que el Padre quiere que vivamos como sus hijos para
manifestarnos como tales y ser sal de la tierra y luz del mundo. Es importante no perder
de vista esto: la «justicia» que hay que practicar, los mandamientos que hay que cumplir,
son ante todo la Voluntad del Padre revelada por Jesús.
Ahora bien, nuestra «justicia», nuestro cumplimiento de estos mandamientos,
debe ser superior a la de los escribas y fariseos. ¿Y cómo cumplían los mandamientos
estos personajes? Lo hacían sólo exteriormente, apegados a la letra de los mismos,
movidos por la búsqueda orgullosa de su perfección personal para ser aprobados por
los demás. Jesús nos pide «superar» este modo de cumplimiento, lo que implica la
adhesión del corazón a lo que el Padre nos pide, realizando el espíritu que da sentido
a la letra de los mandamientos, dejando obrar al Espíritu Santo en nosotros y buscando
agradar al Padre que ve y está en lo secreto.
En concreto, ¿qué nos pide Jesús que vivamos para cumplir la voluntad del
Padre?
El Señor nos pide amar al hermano, al miembro de mi familia y de mi
comunidad, con un amor delicado, que no se irrita ni ofende, buscando la
reconciliación y la paz.
El Señor pide a los esposos amarse con un amor fiel e íntegro, sin fisuras ni
engaños, ni en la realidad ni en los deseos.
El Señor nos pide ser veraces e íntegros en nuestro hablar; que nuestra vida
honesta sea el mejor garante de nuestras palabras y que esté lejos de nosotros
toda falsedad o conveniencia.
Si cumplir esto nos parece demasiado exigente e imposible de vivir estamos en
la buena senda, pero no la abandonemos sino pidamos «la gracia del Espíritu de Amor
para poder cumplir libremente la ley de Dios». En efecto, Jesús nos presenta una nueva
ley cuya novedad no está tanto en la letra como en el Espíritu Santo que nos ayuda a
vivirla. Esta nueva ley es «ley de amor, ley de gracia y ley de libertad», según el
Catecismo. Por eso sólo «el Espíritu que es Amor» puede llenar nuestros corazones,
transformar nuestras pasiones, para amar con un amor delicado, fiel y veraz.
¿Qué sentimientos nos provoca este evangelio? Me parece que en primer lugar
despierta en nosotros un sentimiento de culpa. ¿Quién no se enojó o agredió o insultó
alguna vez a alguien? ¿Quién no miró alguna vez con mal deseo a otra persona?
¿Quién no ha dicho medias verdades o mentiras, desde las chicas para zafar hasta las
otras? Me parece importante no quedarse sólo en este sentimiento de culpa, que por
sí solo es infecundo, sino ir más allá, al encuentro del amor misericordioso del Padre donde alcanzaremos una serena aceptación de nuestra condición de pecadores. Con
sano realismo tenemos que reconocer que no podemos, por nosotros mismos, amar
siempre como nos pide Jesús con un amor delicado, fiel y veraz.
Podemos dar un paso más y hacer nuestra la oración de San Agustín: «Señor
pídeme lo que quieras, pero dame lo que me pides».
Continuamos la meditación con las siguientes preguntas:
1. ¿Cómo trato a mis hermanos? ¿He logrado vivir la fraternidad que pide Jesús?
2. ¿Cómo miro a las personas del sexo opuesto?
3. ¿Cómo vivo la fidelidad en mi matrimonio o en mis vínculos?
4. ¿Suelo jurar sin motivos? ¿Soy veraz en mi hablar?
5. ¿Acepto que necesito la gracia y la fuerza del Espíritu Santo para cumplir con las
exigencias del Sermón de la montaña?
Oración: ¿Qué le respondo al Señor que me habla en el texto?
Gracias Jesús por educarme para cumplir la Voluntad del Padre.
Haz que no siga los mandamientos de la boca para afuera,
ni busque, al cumplirlos, la aprobación de los demás.
Quiero amar a mis hermanos delicadamente, a Tu manera.
Que mi vida siempre esté regida por la honestidad
y no tenga dobleces al hablar.
Te presento a todos los esposos
para que se amen sin fisuras, íntegramente.
Cuento, contamos con fuerza de Tu Espíritu.
Amén.
Contemplación: ¿Cómo hago propias en mi vida las enseñanzas del texto?
Jesús que pueda, con la ayuda de tu Espíritu, cumplir con libertad la Voluntad del Padre.
Acción: ¿A qué me comprometo para demostrar el cambio?
Durante esta semana me propongo identificar si tengo fisuras en mis vínculos y le
pediré asistencia al Espíritu Santo para poder dar pasos concretos de reconciliación y
de paz.
Bítcacora de grandes Lectionautas
“El anuncio del Evangelio, la catequesis y las distintas formas de actividad pastoral
deben estar siempre libres de formas de constricción, rigidez y moralismos, para que
no susciten sentimientos de culpa y temor en lugar de liberación interior”, Papa León
XIV.