La siguiente guía tiene como fuente Lectionautas, elaborado por monseñor Damián Nannini (Obispo de San Miguel)

Imagen: Balthasar van Cortbemde. Royal Museum of Fine Arts Antwerp

Evangelio según San Lucas 10,25-37.
Un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?».
Jesús le preguntó a su vez: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?».
El le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo».
«Has respondido exactamente, le dijo Jesús; obra así y alcanzarás la vida».
Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: «¿Y quién es mi prójimo?».
Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto.
Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo.
También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino.
Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió.
Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo.
Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: ‘Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver’.
¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?».
«El que tuvo compasión de él», le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: «Ve, y procede tú de la misma manera».

Algunas preguntas para una lectura atenta
1. ¿Qué quiere saber el maestro de la ley y por dónde lo orienta Jesús?
2. ¿Qué vuelve a preguntarle el maestro de la ley a Jesús?
3. ¿Quiénes son los personajes de la parábola y qué hace cada uno?
4. ¿Qué le pregunta al final Jesús al maestro de la ley?
5. ¿Qué responde el maestro de la ley y cómo juzga Jesús esta respuesta?
6. ¿Qué cambia en la visión de Jesús sobre quién es mi prójimo?

Algunas pistas para comprender el texto:
Mons. Damián Nannini

El texto comienza con un diálogo entre Jesús y un doctor de la ley. Éste último lo inicia preguntando sobre lo que hay que hacer para heredar la vida eterna. Jesús lo remite a la Ley o Torá. El legista le responde citando dos textos de la misma (Dt 6,5 y Lev 19,18): «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo». Jesús aprueba la respuesta del doctor de la Ley y lo exhorta a cumplir estos dos mandamientos esenciales: «ahora practícalo y vivirás».

Entonces el doctor de la Ley vuelve a preguntar para justificarse: «¿Y quién es mi prójimo?» Lo que quiere saber es a quien considerar prójimo para amarlo; y a quien no. Porque en general los judíos consideraban prójimo sólo a los miembros del pueblo elegido y no a los extranjeros, como por ejemplo a los samaritanos. Y para los fariseos sólo eran prójimo los judíos piadosos u observantes de los mandamientos. En este contexto hay que entender la parábola del buen samaritano mediante la cual Jesús responde entonces a la pregunta del doctor de la ley: «¿quién es mi prójimo?».

El relato comienza describiendo lo sucedido a un hombre que bajaba de Jerusalén a Jericó y es atacado por ladrones quienes lo despojan de todo, lo golpean y lo dejan tirado y medio muerto. Notemos que este «hombre» permanece del todo anónimo, sólo se habla de él por pronombres. Además, por el hecho de haber sido despojado de todo, no es posible atribuirle ningún tipo de identificación social, étnica o religiosa. Es simplemente un hombre; y es también, en cierto modo, todo hombre. Sólo importa su situación: está en estado de extrema necesidad. Necesita imperiosamente de la ayuda de los demás para poder sobrevivir.

Aparece entonces en escena un sacerdote que volvía de Jerusalén, posiblemente después de cumplir sus funciones litúrgicas en el templo. Dos verbos describen su actitud: lo ve, se cruza al otro lado del camino y no lo ayuda.

Luego pasa un levita, que era un clérigo de rango inferior. Los mismos verbos describen su actitud: mira, se cruza al otro lado del camino y no lo socorre. El motivo de esta actitud está en que por las leyes de pureza ritual no estaba permitido a sacerdotes y levitas tocar un cadáver. Y notemos también que muy probablemente regresaban de celebrar el culto en el templo de Jerusalén.

Para gran sorpresa de los oyentes judíos, el tercer personaje de la parábola es un samaritano, que para los judíos era considerado miembro de una comunidad despreciada, enemiga; alguien impuro y no ciertamente «prójimo». También dos verbos para describir su actitud: el primero es común con los otros dos personajes (viendo); el segundo hace la gran diferencia: se conmovió, tuvo entrañas de compasión. Todas las acciones que siguen describen las consecuencias prácticas de la compasión-misericordia del samaritano: se acercó, vendó sus heridas ungiéndolas con vino y aceite; lo cargó en su montura, lo llevó a una posada donde lo cuidó y al dejarlo pagó al posadero para que lo sigan cuidando.

Terminada la parábola, Jesús invita al doctor de la ley a tomar posición ante la misma mediante la pregunta: «¿Cuál de los tres te parece que fue prójimo del hombre asaltado por los ladrones?». Notemos que Jesús hace una inversión en el sentido del término prójimo en comparación con la utilización del mismo que hizo el letrado en su pregunta pues ya no se trata de delimitar quién debe ser considerado prójimo para ayudarlo (sentido pasivo) sino de saber quién se hizo prójimo para socorrer al necesitado (sentido activo).

La respuesta dada por el letrado es la correcta: «El que practicó la misericordia con él». Entonces Jesús cierra el debate con la invitación a obrar así: «Tienes que ir y hacer lo mismo».

La estrategia de la parábola utilizada por Jesús tenía por intención llevar al doctor de la ley a ponerse en el lugar del hombre necesitado de ayuda y a descubrir, desde allí, lo que significa ser prójimo. Ya no se trata de una categoría pasiva y reducida a un grupo o etnia, sino activa y universal: se trata de hacerse prójimo, es decir próximo o cercano, para ayudar a todo hombre que lo necesite.

Meditación: ¿Qué me dice el Señor en el texto?

El evangelio de hoy nos invita a examinarnos sobre cómo vivimos nuestra relación con los demás, con nuestros “prójimos” o “próximos”. Para hacerlo lo primero y fundamental es tener en cuenta que esto forma parte de nuestra relación con el Señor y con nuestro ser cristianos por cuanto Jesús une inseparablemente el amor a Dios con el amor al prójimo. Podemos decir que la calidad de nuestro amor al prójimo es como el termómetro de la calidez de nuestro amor a Dios. Amor a Dios y amor al prójimo van siempre juntos y se retroalimentan mutuamente.

Lo segundo a tener en cuenta es que Jesús en la parábola del buen samaritano nos presenta una gran novedad en la relación con el prójimo. En efecto, Jesús le da una interpretación nueva al perenne mandamiento de amar al prójimo según la cual la cuestión fundamental no es saber quién es mi prójimo para amarlo, sino amar haciéndose prójimo de cualquier hombre que lo necesite.

Ahora bien, importa ir más allá de las acciones concretas (necesarias, por cierto) a la actitud fundamental que Jesús nos pide tener. Y la parábola es clara al respecto: los tres caminantes vieron la misma realidad, a un hombre malherido, medio muerto y, por tanto, necesitado de ayuda. Pero sólo se hizo prójimo el que tuvo compasión. Por tanto, la verdadera «projimidad» no brota de la mera visión o reflexión intelectual sobre la realidad, a veces teñida de ideología, sino desde una actitud compasiva. Sólo desde un corazón que tiene compasión se puede comprender la noción cristiana de prójimo. Es decir, para ver al necesitado como prójimo tengo que tener primero el amor de Dios en mi corazón. Y será este amor el que me impulse a ayudarlo, a socorrerlo sin importarme la «categoría» de persona que sea. Desde una mirada que brota de un «corazón que ve» o «amor que conoce» surge un concepto distinto del «prójimo», universal y concreto al mismo tiempo.

Como bien decía el Papa Francisco en el Ángelus del 10 de julio de 2022: “El Evangelio nos educa a ver: guía a cada uno de nosotros a comprender rectamente la realidad, superando día tras día ideas preconcebidas y dogmatismos. Muchos creyentes se refugian en dogmatismos para defenderse de la realidad. Y, además, seguir a Jesús nos enseña a tener compasión: a fijarnos en los demás, sobre todo en quien sufre, en el más necesitado, y a intervenir como el samaritano: no pasar de largo sino detenerse… Esta es una gracia, tenemos que pedirla al Señor: “Señor, que yo vea, que yo tenga compasión, como Tú me ves a mí y tienes compasión de mí”.

Continuamos la meditación con las siguientes preguntas:
1. ¿A quién considero mi prójimo? ¿Sólo a mis familiares y amigos?
2. ¿Qué siento cuando veo a alguien que tiene necesidad de ayuda?
3. ¿He experimentado una verdadera compasión que me llevó a actuar y a no pasar de largo?
4. ¿Experimento que el amor de Dios me impulsa a hacerme prójimo de los más necesitados?

Oración: ¿Qué le respondo al Señor que me habla en el texto?

Gracias Jesús por tu compasión.
Gracias por hacerte prójimo.
Dame la atención y la audacia para no pasar de largo:
ante la necesidad del hermano, ante el grito del desconocido.
Que no elija a quién ayudar ni sea selectivo.
Que las excusas o las urgencias no puedan más.
Dame entrañas compasivas, para poder ir
y hacer lo mismo que Aquel samaritano.
Amén.

Contemplación: ¿Cómo hago propias en mi vida las enseñanzas del texto?

Jesús, dame entrañas compasivas para no pasar de largo ante las necesidades de mis hermanos.

Acción: ¿A qué me comprometo para demostrar el cambio?

Durante esta semana pido la gracia de estar más atento ante las necesidades de los hermanos y poder actuar sin poner excusas.