La siguiente guía tiene como fuente Lectionautas,  difundido por el Departamento de Animación y Pastoral Bíblica de la Conferencia Episcopal Argentina, elaborado por monseñor Damián Nannini (Obispo de San Miguel).

Cosimo Rosselli y Piero di Cosimo (1481). Sermón de la montaña y curación del leproso. Fresco, 349 cm  × 570 cm. Capilla Sixtina, Ciudad del Vaticano.

Preparación espiritual

Espíritu de Jesús, fuerza de vida nueva, aliéntanos.
Espíritu de Jesús construye un corazón nuevo en cada uno
para que hagamos vida los sueños del Padre.

Espíritu del Resucitado, ven a nosotros para que aprendamos a ser
comunidad que se alimenta con la Palabra.

Amén.

Evangelio según San Mateo 4, 25-5,12 |Cuarto domingo durante el año. Ciclo A

4. 25 Lo seguía mucha gente de Galilea, la Decápolis, Jerusalén, Judea y del otro lado
del Jordán.
5 1 Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó y sus discípulos se le
acercaron. 2 Entonces comenzó a enseñarles:
3«Dichosos los que tienen espíritu de pobre, porque a ellos pertenece el Reino de los
cielos.
4 Dichosos los afligidos, porque recibirán consolación.
5 Dichosos los mansos, porque heredarán la tierra.
6 Dichosos los que tienen hambre y sed de vivir conforme al plan de Dios, porque él los
saciará.
7 Dichosos los misericordiosos, porque él también los tratará con misericordia.
8 Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios.
9 Dichosos los que trabajan por la paz, porque él los aceptará como sus hijos.
10 Dichosos los perseguidos por vivir conforme al plan de Dios, porque de ellos es el
Reino de los cielos.
11 Dichosos serán cuando los insulten, los persigan y, mintiendo, digan toda clase de
mal contra ustedes por mi causa. 12 Alégrense y regocíjense, porque su recompensa
será grande en los cielos, pues del mismo modo persiguieron a los profetas anteriores
a ustedes».

Algunas preguntas para una lectura atenta 

¿A quiénes declara dichosos o felices Jesús?
2. ¿Te parece normal que esa clase de personas sean felices?
3. ¿Esas personas hacen algo para merecer ser felices? ¿Cuáles sí y cuáles no?
4. ¿Dónde está la causa o razón de la felicidad?
5. ¿Qué tienen en común la primera y la última bienaventuranza?

Algunas pistas para comprender el texto:
Mons. Damián Nannini 

En el evangelio de hoy podemos distinguir la introducción narrativa (4,25-5,2), que vale para todo el Sermón de la Montaña (Mt 5-7); y las bienaventuranzas (5,3-12) que son el prólogo del Sermón expresando el gozo por la llegada del Reino.
La introducción nos presenta el auditorio u oyentes del discurso de Jesús, que es la multitud venida de muchos lugares y que se reúne en torno a Jesús, con un lugar preferencial ocupado por sus discípulos. También nos señala el lugar, una montaña, que tiene un sentido teológico por cuanto remite al monte Sinaí (Ex 19-20) donde Dios estableció su alianza con Israel y reveló allí su voluntad. Nos dice también que Jesús se sienta, siendo esta la posición típica del maestro; y que desde allí comienza a enseñar.
Siguen luego las ocho “bienaventuranzas”; porque si bien el adjetivo makarioi (felices, dichosos) aparece 9 veces, la novena vez (5,11) es mejor considerarla como una ampliación de la octava bienaventuranza con la intención de aplicarla a la gente
presente pues pasa de la 3a a la 2a persona plural.
La primera y la octava bienaventuranzas están ambas en tiempo presente y tienen el mismo final (“porque de ellos es el Reino de los cielos). Las otras seis están formuladas en futuro.
Las ocho tienen una estructura común donde distinguimos tres elementos:
1) Un adjetivo en posición predicativa; se presupone el verbo ser: “Felices son…”.
2) Un sujeto con artículo que se refiere a personas caracterizadas por una
situación humana penosa o una actitud positiva: los pobres, los pacientes, los que
lloran, los misericordiosos, los que obran la paz…
3) Una acción divina introducida por un “porque” causal que da el motivo de la
felicidad. Describe la forma cómo los hombres son alcanzados por la acción de Dios
(son pasivos teológicos).
La causa o motivo de la felicidad es lo que aparece al final de cada
bienaventuranza, que es la acción de Dios en favor de las personas: darles el Reino,
consolarlos, saciarlos, recibir misericordia, etc. Justamente porque viene de Dios se
trata de una felicidad que viene a nosotros, no de una felicidad producida por nosotros;
y se trata de una felicidad plena, tal el sentido del término makarioi.
El segundo miembro de cada oración describe la condición o la situación de las
personas que se verán favorecidas por la acción de Dios.
Por tanto, Jesús declara felices a un cierto grupo de personas porque reciben el
Reino de Dios. Este es el motivo o causa de la felicidad: la llegada del Reino. Y esta
felicidad puede convivir con situaciones penosas (aflicción; insultos y persecución) y es
la recompensa de los que se esfuerzan por sintonizar con los valores del Reino (alma
de pobres; paciencia; hambre y sed de justicia, misericordiosos, corazón puro; trabajan
por la paz).
En síntesis, las bienaventuranzas en Mateo formulan exigencias éticas y
espirituales, actitudes y comportamientos que el discípulo debe desarrollar como
condiciones para pertenecer al Reino. Estas exigencias están motivadas por la
promesa del don escatológico del Reino, que es la causa última de la felicidad o
bienaventuranza proclamada. Pero más allá de estas exigencias debemos reconocer
la primacía del don de Dios, del reino de Dios que se acerca y que es la motivación del
obrar humano que se dispone así a recibirlo, a entrar en comunión con Él. Y al hacerlo,
es feliz.

Meditación ¿Qué me dice el Señor en el texto?

Jesús comienza el sermón del Monte hablando de la felicidad:
“bienaventurados, felices”. De este modo el evangelio se conecta con uno de los
deseos más profundos y universales del hombre, porque todos queremos ser felices.
Claro, ya sabemos que a la hora de precisar en qué consiste la felicidad y cuál es el
camino para alcanzarla aparecen una infinidad de definiciones y caminos. Pues bien,
Jesús nos enseña hoy en qué consiste la felicidad para Dios y cuál es el camino para
recibirla. Y este camino es al mismo tiempo el de la santidad, el de la plenitud de la vida
cristina. Al respecto dice el Papa Francisco: “Jesús explicó con toda sencillez qué es
ser santos, y lo hizo cuando nos dejó las bienaventuranzas (cf. Mt 5,3-12; Lc 6,20-23).
Son como el carnet de identidad del cristiano. Así, si alguno de nosotros se plantea
la pregunta: «¿Cómo se hace para llegar a ser un buen cristiano?», la respuesta es
sencilla: es necesario hacer, cada uno a su modo, lo que dice Jesús en el sermón de
las bienaventuranzas. En ellas se dibuja el rostro del Maestro, que estamos llamados
a transparentar en lo cotidiano de nuestras vidas. La palabra «feliz» o
«bienaventurado», pasa a ser sinónimo de «santo», porque expresa que la persona
que es fiel a Dios y vive su Palabra alcanza, en la entrega de sí, la verdadera dicha”
(Alégrense y exulten, 63-64).
Para decirlo de modo breve y claro: para Jesús la felicidad y la santidad
consisten en recibir el Reino de Dios, en dejarse tocar por la acción de Dios en nuestra
vida, más allá de las circunstancias, buenas o malas, que estemos pasando. Esta
felicidad o plenitud de vida no se conquista, se recibe con don, como gracia. Sí hace
falta convertirnos y creer en el evangelio, creer en que Dios quiere y puede llenarme
de alegría y felicidad. En efecto: “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida
entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son
liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo
siempre nace y renace la alegría” (Francisco, El gozo del evangelio, 1).
Jesús fue quien primero vivió las bienaventuranzas en su vida y, por eso, nos
las propuso no como nuevas exigencias éticas sino como un camino de confianza y
abandono en Dios. Insistimos en la necesidad de la fe y confianza en Jesús, porque el
camino de las bienaventuranzas va claramente a contracorriente de por dónde nos lleva
el mundo. Al respecto decía el Papa León XIV: “Las Bienaventuranzas traen consigo
una nueva interpretación de la realidad. Son el camino y el mensaje de Jesús educador.
A primera vista, parece imposible declarar bienaventurados a los pobres, a aquellos
que tienen hambre y sed de justicia, a los perseguidos o a los trabajan por la paz. Pero,
aquello que parece inconcebible en la gramática del mundo, se llena de sentido y de
luz en la cercanía del Reino de Dios. En los santos vemos cómo ese Reino se acerca
y se hace presente en medio de nosotros. San Mateo, acertadamente, presenta las
Bienaventuranzas como una enseñanza, proponiendo a Jesús como Maestro que
transmite una nueva visión de las cosas y cuya perspectiva coincide con su camino”.
(Homilía del 1° de noviembre de 2025).
Podemos terminar con una frase del siervo de Dios Guillermo Muzzio, joven
seminarista que falleció de leucemia antes de poder ordenarse sacerdote: “hacer la
voluntad de Dios y ser feliz es lo mismo, gracias Jesús porque todo es tan simple”.

Continuamos la meditación con las siguientes preguntas: 

1. ¿Qué es ser feliz para mí y cómo busco serlo?
2. ¿Logré sentirme plenamente feliz con Dios sin importar las circunstancias?
3. ¿He probado caminar por la senda de las bienaventuranzas?
4. ¿Tengo alguna experiencia para compartir de haber recibido una gracia del Señor
que me hizo muy feliz?
5. ¿Vivo mi fe con alegría y serenidad todo el tiempo y lugar?

Oración: ¿Qué le respondo al Señor que me habla en el texto? 

Gracias Jesús por convocarme a la felicidad.
Quiero que juntos nos encaminemos a tu sueño, a mi plenitud.
Que no sea fotocopia de otros, dame encontrar mi originalidad.

Dame la audacia para ir hacia la santidad,
dejando atrás todo interés, todo aplauso.
Cuento, Señor, con tu gracia.

Amén.

Contemplación: ¿Cómo hago propias en mi vida las enseñanzas del texto?

Jesús haz que juntos nos encaminemos a tu sueño.

Acción: ¿A qué me comprometo para demostrar el cambio?

Durante esta semana me propongo elegir una bienaventuranza para meditarla y tener
algún gesto concreto hacia un familiar o hermano de comunidad.