La siguiente guía tiene como fuente Lectionautas,  difundido por el Departamento de Animación y Pastoral Bíblica de la Conferencia Episcopal Argentina, elaborado por monseñor Damián Nannini (Obispo de San Miguel).

Murillo (Hacia 1655). San Juan Bautista mostrando a Jesús.  Óleo sobre tela, 270,2 cm X 184,5 cm. Instituto de Arte de Chicago.

Preparación espiritual

Espíritu Santo, hazte presente en este encuentro con la Palabra.
Espíritu Santo, derrámate en este momento
y en cada lugar donde me encuentre.
Espíritu Santo, toca mi corazón en este tiempo de esperanza.
Espíritu Santo, ayúdame a buscar el sentido de lo eterno
junto a mis hermanos.
Amén.

Evangelio según San Mateo 11, 2-11. |Tercer domingo de adviento. Ciclo A

2 Juan, que estaba en la cárcel, oyó hablar de las obras del Mesías y envió a sus discípulos 3 a preguntarle: «¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?». Jesús les respondió: 4 «Vayan a comunicar a Juan lo que oyen y ven: 5 los ciegos recobran la vista, los paralíticos caminan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia la Buena Noticia a los pobres. 6 Y dichoso el que no se escandaliza de mí».
7 Cuando ellos se fueron, Jesús comenzó a instruir a la gente acerca de Juan. Les preguntaba: «¿Qué salieron ustedes a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? 8 Y si no, ¿qué salieron a ver? ¿A un hombre vestido con ropa lujosa? ¡Los que visten con lujo están en los palacios de los reyes! 9 Díganme entonces, ¿qué salieron a ver? ¿A un profeta? Sí, les digo que a uno más grande que un profeta. 10 Este es aquel de quien está escrito: «Yo envío a mi mensajero delante de ti, para que te prepare el camino».
11 «Les aseguro que entre los nacidos de mujer no ha surgido nadie más grande que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los cielos es más grande que él.

Algunas preguntas para una lectura atenta 

1. ¿Dónde estaba Juan Bautista, qué oye sobre Jesús y qué le manda preguntar?
2. ¿Las expectativas de Juan Bautista sobre el Mesías coinciden con el mensaje y el obrar de Jesús?
3. ¿Qué le responde Jesús a los enviados del Bautista?
4. ¿Qué dice Jesús a la gente sobre Juan el Bautista?
5. ¿Con quién compara Jesús a Juan Bautista?

Algunas pistas para comprender el texto:
Mons. Damián Nannini 

Juan el Bautista está en la cárcel y escucha hablar de las «obras de Cristo» y manda dos discípulos a preguntarle a Jesús: «¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?».

A través de esta pregunta queda claro que para Juan Bautista el obrar de Jesús no coincide con sus expectativas mesiánicas, con su anuncio de un Mesías de juicio y condenación que él mismo proclamó (cf. Mt 3,1-11). Es que el hablar y el obrar de Jesús tal como nos lo ha narrado el evangelista Mateo hasta aquí no están haciendo presente el Juicio de Dios sino su Misericordia.

Jesús le responde a los discípulos de Juan que vayan a contarle, otra vez, cuáles son sus obras, lo que oyen y ven. Lo que oyen se referiría al sermón del Monte (Mt 5-7) y lo que ven a los milagros y curaciones (Mt 8-9). La respuesta de Jesús remite claramente a algunos textos del Antiguo Testamento, en particular del profeta Isaías, donde aparecen la curación de los ciegos, los paralíticos y los sordos como el efecto-signo de la venida salvadora de Dios a su pueblo. Vale decir que, si todo esto está sucediendo, es un signo claro de que Dios ha llegado y se ha hecho presente en Jesús. Por tanto, Jesús es el Mesías prometido por el profeta Isaías, no es el Mesías de juicio y condenación, sino de compasión y misericordia hacia los débiles y necesitados. Con su respuesta Jesús busca que Juan Bautista, al volver a escuchar hablar de las «obras de Cristo», reconozca en ellas el cumplimiento de lo anunciado por el profeta Isaías.

En lo que sigue Jesús habla ahora a la gente y rescata la persona y la misión del Bautista más allá de su confusión o desilusión transitoria. Juan Bautista fue un verdadero profeta y el mayor de ellos, en él se cumplió la profecía de Malaquías acerca de la venida de Elías como precursor del Mesías. Pero aún con toda su grandeza, Juan Bautista pertenece todavía al Antiguo Testamento, anunció la llegada del Reino, pero no pudo entrar en él, verlo presente y operante en el obrar de Jesús. Por eso el más pequeño en el Reino es más grande que él. Su misión de precursor fue necesaria para recordar las promesas de Dios, pero el cumplimiento de las mismas superó ampliamente las expectativas. Algo nuevo Dios está obrando y el no comprenderlo puede generar escándalo.

Meditación ¿Qué me dice el Señor en el texto?

Es tradición que este tercer domingo de adviento se caracterice por el tema de la alegría. Alegría que brota de la cierta esperanza en la venida del Señor. El Señor está cerca, la Salvación está cerca, la Navidad está cerca. Y esta Esperanza engendra alegría, gozo en lo profundo del corazón, aunque nuestra realidad no sea la mejor. El evangelio nos ofrece como motivo de la alegría que Jesús ha venido a traer,
en primer lugar, no el juicio de Dios (que sigue vigente pero pasa al fin de los tiempos), sino la misericordia y el perdón.

¿Y dónde queda la conversión que nos pedía Juan el Bautista el domingo pasado para acceder al Reino? La conversión sigue siendo necesaria, pero ha adquirido un sentido nuevo. La conversión implica purificar o rectificar el objeto de nuestra esperanza. El mismo Juan el Bautista tuvo que aceptar esta purificación pues esperaba y anunciaba un Mesías con otro estilo. H. U. von Balthasar lo expresa bellamente: «Él había esperado un hombre poderoso, que bautiza con Espíritu y fuego.

Y en el evangelio aparece ahora un hombre dulce que «no apaga el pabilo vacilante»». Por tanto, la confusión de Juan el Bautista surgió, en el fondo, porque sus expectativas no coincidían con la manifestación de Dios en Jesús, no entraba en sus esquemas previos. Entonces es necesaria aquí la conversión en el sentido etimológico de metánoia, cambio de mentalidad, para entender la lógica de Dios que es la del amor que salva, cura y perdona primero; que se dona y se entrega totalmente; esperando
luego nuestra respuesta sincera. Entonces la conversión consiste ante todo en la aceptación del amor de Dios, de su voluntad de salvarnos; renunciando a la ilusa pretensión de querer salvarnos a nosotros mismos.

Al respecto decía el Papa Francisco en el ángelus del 11 de diciembre de 2022: “El texto subraya que Juan se encuentra en la cárcel, y esto, además del lugar físico, hace pensar en la situación interior que está viviendo: en la cárcel hay oscuridad, falta la posibilidad de ver claro y ver más allá…Hermanos y hermanas, también nosotros a veces podemos encontrarnos en su situación, en una cárcel interior, incapaces de reconocer la novedad del Señor, que quizá tenemos prisionero de la presunción de
saber ya todo sobre Él.

Queridos hermanos y hermanas, nunca se sabe todo sobre Dios, ¡nunca! Quizá tenemos en la cabeza un Dios poderoso que hace lo que quiere, en vez del Dios de humilde mansedumbre, el Dios de la misericordia y del amor, que interviene siempre respetando nuestra libertad y nuestras elecciones.

Quizá nos surge también a nosotros decirle: “¿Eres realmente Tú, tan humilde, el Dios que viene a salvarnos?”. El Adviento, entonces, es un tiempo de inversión de perspectivas, donde dejarnos asombrar por la grandeza de la misericordia de Dios. El asombro: Dios siempre asombra. Dios siempre es Aquel que suscita en ti el asombro. Un tiempo —el Adviento— en el que, preparando el belén para el Niño Jesús, aprendemos de nuevo quién es nuestro Señor; un tiempo en el que salir de ciertos esquemas, de ciertos prejuicios hacia Dios y los hermanos.

El Adviento es un tiempo en el que, en vez de pensar en regalos para nosotros, podemos donar palabras y gestos de consolación a quién está herido, como hizo Jesús con los ciegos, los sordos y los paralíticos”.

Continuamos la meditación con las siguientes preguntas: 

1. ¿Qué espero de la visita de Dios a mi vida en esta Navidad?
2. ¿He experimentado la misericordia de Dios o todavía siento miedo a su juicio?
3. ¿Qué me impide abrirme totalmente a la acción de Dios en mi vida?
4. ¿Consigo mantener la alegría interior que me regala el Señor más allá de las adversidades de la vida?
5. ¿Procuro llevar alegría a los demás, especialmente a los más olvidados?

Oración: ¿Qué le respondo al Señor que me habla en el texto? 

Gracias Jesús por llamarme a la conversión una vez más
Gracias por la persona de Juan Bautista.
Quiero que en este tiempo me saques de mis esquemas.

No permitas que te encasille.
Que la alegría de tu llegada me lleve
A llegarme a otros, especialmente a los más olvidados.

Amén.

Contemplación: ¿Cómo hago propias en mi vida las enseñanzas del texto?

Jesús, que pueda experimentar una auténtica alegría por tu llegada.

Acción: ¿A qué me comprometo para demostrar el cambio?

Durante esta semana me propongo tener un gesto con alguien de mi entorno, manifestando
alegría por lo compartido.

Bitácora de grandes Lectionautas 

«Felices los que están atentos a las necesidades de los demás, sin sentirse indispensables, porque
serán distribuidores de alegría”, Santo Tomás Moro.