La siguiente guía tiene como fuente Lectionautas, difundido por el Departamento de Animación y Pastoral Bíblica de la Conferencia Episcopal Argentina, elaborado por monseñor Damián Nannini (Obispo de San Miguel).

Enrique Simonet – Flevit super illam (1892) Óleo sobre lienzo, 304,5 cm x 555 cm. Museo Nacional del Prado, España.
Preparación espiritual
Espíritu Santo, quiero ponerme a tu servicio.
Espíritu Santo, toma mi vida para ser testigo de la Palabra.
Espíritu Santo, cuenta conmigo para la misión de hacer realidad el Reino.
Espíritu Santo, que en comunidad podamos vivir concretamente el evangelio.
Amén
Evangelio según San Lucas 21,5-19. | Trigésimo tercer domingo durante el año. Ciclo C
5 Al oír que algunos comentaban que el Templo estaba adornado con piedras hermosas y ofrendas excelentes, Jesús dijo: 6 «De todo lo que ustedes ven, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra: ¡todo será destruido!».
7 Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo sucederá eso? ¿Cuál será la señal de que todo eso está por suceder?». 8 Él les dijo: «Estén atentos. No se dejen engañar, porque muchos vendrán utilizando mi nombre diciendo: “¡Soy yo! ¡El tiempo se acerca!” ¡No vayan detrás de ellos! 9 Cuando oigan hablar de guerras y sublevaciones, no se aterroricen por eso. Primero tendrán que suceder todas esas cosas, pero el final no llegará tan pronto». 10 Entonces Jesús añadió: «Una nación se levantará en guerra contra otra y un reino contra otro. 11 En muchos lugares se producirán grandes terremotos, hambre y pestes, y en el cielo se verán grandes señales que producirán terror».
12 «Pero antes de que sucedan estas cosas, a ustedes los detendrán y perseguirán, los entregarán a las sinagogas y los encarcelarán, los llevarán ante los reyes y gobernadores a causa de mi nombre.
13 Estas cosas les sucederán para que den testimonio de mí.
14 Tengan presente que no deberán preparar su defensa, 15 porque yo les daré una palabra y una sabiduría a las que ninguno de sus enemigos podrá oponerse ni contradecir. 16 Serán entregados por sus padres y hermanos, por sus familiares y amigos. A algunos de ustedes los matarán 17 y, por mi causa, serán odiados por todos. 18 Pero no se perderá ni un solo cabello de su cabeza. 19 Gracias a su constancia salvarán su vida».
Algunas preguntas para una lectura atenta
- ¿Qué comentaba algunos sobre el Templo y qué dice Jesús sobre su futuro?
- ¿Qué le preguntan los discípulos? ¿Les responde Jesús a lo que preguntan?
- ¿Qué aconseja Jesús evitar ante la cuestión del fin del mundo?
- ¿Qué cosas van a suceder antes de que llegue el fin del mundo?
- ¿Qué les sucederá a los cristianos y cómo salvarán sus vidas?
Algunas pistas para comprender el texto:
Mons. Damián Nannini
Aunque no se haga mención en el texto del evangelio de hoy, es claro por el contexto que Jesús se encuentra en Jerusalén en compañía de sus discípulos. Y algunos, hablando del templo, han hecho un comentario sobre su belleza y la magnificencia de sus adornos. Jesús reacciona ante este comentario y desconcierta a sus discípulos pues les anuncia la destrucción total del lugar más sagrado para los israelitas: «todo será destruido».
Nos cuesta imaginarnos lo que representaba el templo de Jerusalén para el pueblo de Israel, lugar de la presencia de Dios y, por tanto, garantía de protección para el pueblo. En tan alta consideración se lo tenía que su destrucción prácticamente se la identificaba con la llegada del fin del mundo. Esto explica la rápida pregunta de los discípulos: «¿cuándo sucederá eso? ¿Cuál será la señal de que todo eso está por suceder?» Son las preguntas que todos le haríamos a Jesús: ¿cuándo será y cómo darse cuenta de que llega el fin del mundo?
En ningún lugar del Nuevo Testamento encontraremos una clara respuesta a estas preguntas. En cambio, es frecuente la referencia al modo repentino e inesperado de la llegada del día final utilizando la comparación con la llegada de un ladrón (cf. Mt 24,43; Lc 12,39; 2 Pe 3,10; Ap 3,3; 16,15).
En el evangelio de hoy Jesús no responde a la pregunta de los discípulos sobre cuándo tendrá lugar el fin sino que indica las actitudes que deben tener los cristianos en el tiempo previo a la parusía, al fin del mundo. En concreto, Jesús exhorta a sus discípulos a tres cosas: no dejarse engañar, dar testimonio y ser constantes.
_ No dejarse engañar por los que, ante la presencia fuerte del mal en el mundo, anuncian la inminente llegada del fin. Jesús advierte que, aunque sucedan guerras, revoluciones, terremotos, pestes, hambre, «no llegará tan pronto el fin».
_ Dar testimonio. Las persecuciones que sobrevendrán a los cristianos no constituyen un signo del fin del mundo, sino que tienen como finalidad despertarlos para que den testimonio de Jesús con palabras irresistibles dadas por él mismo («yo les daré una elocuencia y una sabiduría que ninguno de sus adversarios podrá resistir ni contradecir»).
– Por último, la constancia o perseverancia (en griego hupomoné). Este término indica el hecho de quedarse o permanecer debajo de un peso soportándolo, resistiendo a su presión. Sus sentidos son varios: persistencia, perseverancia y espera. Esta actitud, que se sostiene apoyada en la firme confianza en el cuidado providente de Dios (“no se perderá ni un solo cabello de su cabeza”), es la que permitirá al fiel discípulo alcanzar la salvación.
Meditación ¿Qué me dice el Señor en el texto?
El evangelio de hoy nos invita a meditar sobre el fin del mundo. Este tema suele estar unido a muchas fantasías y, además, la Biblia lo presenta con un género literario, el apocalíptico, que utiliza imágenes fuertes con valor simbólico. Más allá de todo esto, ¿cuáles son las certezas que nos vienen de la fe?; ¿qué actitudes nos pide Jesús que tengamos ante esta realidad futura?
La primera certeza es que no sabemos ni el día ni la hora en que sucederá el fin del mundo. Dios no ha querido revelarlo, darnos a conocer con precisión este dato. Sabemos que sucederá, y de improviso, pero no sabemos cuándo.
Ante esto Jesús pide, aún en un contexto de convulsión social y persecución, tener una actitud más bien calma: que permanezcan quietos, que no corran detrás de los que digan que ya es el fin. En concreto Jesús nos pide lucidez para no dejarse engañar, para no ir detrás de los falsos predicadores o falsos mesías.
La segunda certeza es que Dios no nos abandona nunca y que Jesús permanecerá junto a nosotros hasta el fin de los tiempos. Anclados en esta certeza, Jesús nos pide una actitud de testigos valientes y confiados pues el mismo Señor inspirará las palabras justas para poder defendernos y dar testimonio de su Verdad. La tercera certeza es que Dios “no se muda”, es la “roca” firme que no se mueve. Apoyados en esta roca, Jesús pide una fe confiada, firme, aun cuando todo parece moverse o desmoronarse alrededor nuestro. Gracias a esta fe firme y perseverante encontrarán los cristianos la salvación esperada.
Al respecto decía el Papa Francisco en su homilía del 13 de noviembre de 2022: ““Hagamos nuestra la invitación fuerte y clara del Evangelio a no dejarnos engañar. No escuchemos a los profetas de desventura; no nos dejemos seducir por los cantos de sirena del populismo, que instrumentaliza las necesidades del pueblo proponiendo soluciones demasiado fáciles y apresuradas. No sigamos a los falsos “mesías” que, en nombre de la ganancia, proclaman recetas útiles solo para aumentar la riqueza de unos pocos, condenando a los pobres a la marginación. Al contrario, demos testimonio, encendamos luces de esperanza en medio de la oscuridad; aprovechemos, en las situaciones dramáticas, las ocasiones para testimoniar el Evangelio de la alegría y construir un mundo fraterno, al menos un poco más fraterno; comprometámonos con valentía por la justicia, la legalidad y la paz, estando siempre del lado de los débiles. No escapemos para defendernos de la historia, sino que luchemos para darle a esta historia que nosotros estamos viviendo un rostro diferente. ¿Y dónde encontrar la fuerza para todo esto? En el Señor. En la confianza en Dios, que es Padre, que vela por nosotros. Si le abrimos nuestro corazón, aumentará en nosotros la capacidad de amar. Este es el camino: crecer en el amor”.
En fin, que el Señor nos regale esta actitud serena y confiada; la perseverancia en la fe y un abandono total en sus manos de Padre, donde podemos experimentar la seguridad que buscamos cada día en infinidad de cosas y afectos pasajeros. Y desde este estado de entrega confiada en Dios, pongamos nuestras energías para trabajar en este mundo, sin desfallecer, buscando ayudar a los demás en su progreso personal, temporal y, sobre todo, espiritual.
Continuamos la meditación con las siguientes preguntas:
1. ¿Qué sentimientos y pensamientos me provoca la llegada del fin del mundo?
2. ¿Estos pensamientos y sentimientos, se corresponden con lo que dice Jesús en el
evangelio?
3. ¿Me he apropiado de las certezas que Jesús me comunica en el evangelio?
4. ¿Dónde busco seguridad, dónde pongo mi confianza ante las situaciones de
convulsión personal o social?
5. ¿Acepto que la presencia de calamidades y males en el mundo son una llamada
fuerte a la evangelización acompañada de la lucha por un mundo más justo y
fraterno?
Oración: ¿Qué le respondo al Señor que me habla en el texto?
Gracias Jesús porque nunca me abandonas.
Quiero ser testigo fiel de tu presencia en mi vida.
Que no me deje envolver por discursos que solo me ofrecen bienestar
ni escuche a las personas que me prometen demasiado. Sé Vos mi roca firme donde no vacilo, donde estoy seguro.
Amén.
Contemplación: ¿Cómo hago propias en mi vida las enseñanzas del texto?
Hazme constante y lúcido para perseverar hasta el fin
Acción: ¿A qué me comprometo para demostrar el cambio?
Durante esta semana me propongo pedir en mi oración la lucidez y la constancia para mí y
para alguien de mi comunidad.
Bitácora de grandes Lectionautas
«Lo que necesita el cristiano, cuando es odiado por el mundo, no son palabras persuasivas, sino grandeza de alma”, San Ignacio de Antioquía.