La siguiente guía tiene como fuente Lectionautas,  difundido por el Departamento de Animación y Pastoral Bíblica de la Conferencia Episcopal Argentina, elaborado por monseñor Damián Nannini (Obispo de San Miguel).

Variante del cuadro de Guglielmo Courtois que se encuentra en el altar mayor, en el Convento dei SS. Quattro Coronati, en Roma, de formato oval. Colección del Museo del Prado.

Evangelio según San Lucas 10, 38-42.

38 Cuando iban de camino, Jesús entró en un pueblo, y una mujer llamada Marta lo recibió  en su casa. 39 Marta tenía una hermana llamada María que, sentada junto a los pies de  Jesús, escuchaba su palabra.

40 Marta, que estaba muy ocupada sirviendo, se acercó a Jesús y le dijo: «Señor, ¿no te  preocupa que mi hermana me deje servir sola? ¡Tienes que decirle que me ayude!». 41 Jesús le respondió: «¡Marta! ¡Marta!, tú te preocupas y te inquietas por muchas cosas, 42 pero una sola es necesaria. María eligió la mejor parte, la que nunca le será quitada».

Algunas preguntas para una lectura atenta 

1. ¿Qué hace Jesús y quién lo recibe?
2. ¿Quiénes vivían en esa casa? ¿Qué hace cada una de las hermanas? 3. ¿Qué le cuestiona Marta a Jesús y por qué?
4. ¿Qué le responde Jesús a Marta?
5. ¿Qué escala de valores refleja la respuesta de Jesús a Marta?

Algunas pistas para comprender el texto: 

Mons. Damián Nannini 

Jesús entra en un pueblo y una mujer llamada Marta lo recibe en su casa. El  hecho de que sea Marta quien da el hospedaje a Jesús indicaría que es ella la hermana  mayor y quien tiene la autoridad en la casa. Incluso etimológicamente el nombre Marta significa «la que domina», «dueña».

Enseguida el relato hace la presentación de la otra protagonista, María, hermana  de Marta, «que sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra». La actitud de  sentarse a los pies del Maestro es la propia del discípulo. En Hechos de los Apóstoles 22,3 Pablo dice que fue instruido «a los pies de Gamaliel», indicando así que fue  discípulo de este maestro de Israel.

La «escucha de la Palabra» de Jesús es la actitud propia de sus discípulos o  alumnos y, cómo nos dice el mismo Lucas, escuchando a Jesús se escucha la Palabra  de Dios (cf. Lc 5,1: «la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la  Palabra de Dios»).

Importa tener en cuenta aquí que las mujeres en la sociedad israelita de aquel tiempo estaban excluidas del aprendizaje de la Torá o Ley de Dios; no podían ser  discípulas de ningún rabino o maestro de Israel. Según esto, María está realizando una  actividad y ocupando un lugar reservado hasta entonces sólo a los varones; está  asumiendo la posición de discípula del Señor. Vale decir que, según las normas  culturales de aquel tiempo, su lugar debería ser en la «cocina» con su hermana Marta y  no con los discípulos escuchando a Jesús

A esta «actividad» de María se contrapone enseguida la de su hermana Marta:  ocupada, inquieta, «sacada” por el mucho servicio. Recordemos que el sustantivo  diakonía – servicio –, al igual que el verbo diakonéó – servir –, tienen siempre una  valoración positiva en el Nuevo Testamento indicando los trabajos o ministerios  realizados muchas veces por el Reino de Dios y en favor de los demás.

Comienza luego el diálogo entre Marta y Jesús (María permanece siempre en  silencio, a la escucha) con la queja de Marta: «Señor, ¿no te importa que mi hermana  me deje sola en el servicio? Dile, pues, que me ayude». Esta queja es por demás de  comprensible pues está sola con todo el noble servicio de brindar hospitalidad a los  huéspedes, por eso pide al Señor que le haga tomar conciencia a María de que necesita  su ayuda. Pero al mismo tiempo hay cierto reclamo dirigido al mismo Jesús  considerándolo responsable de la situación al permitir que María esté a sus pies  escuchándolo como una discípula más.

La respuesta de Jesús comienza con una repetición del nombre (Marta, Marta…)  que indica afecto y familiaridad. Luego sigue un reproche dirigido no tanto a la actividad  o servicio que realiza, sino al modo como lo realiza: con agitación y aturdimiento, “como  loca” diríamos hoy.

Sigue luego una contraposición entre «las muchas cosas» por las que se agita  Marta y la «única cosa necesaria» que hace María. El sentido de la frase es justamente  contraponer el estado de dispersión en que ha caído Marta por la multiplicidad de su  atención, con la concentración de María en la única cosa indispensable: estar con Jesús  y escuchar su Palabra (F. Bovon).

Esta contraposición se complementa a continuación con el juicio de valor,  normativo, que realiza Jesús sobre la opción practicada por María: «ha elegido la parte  buena, que no le será quitada». Por tanto, Jesús considera como la parte buena, mejor,  la atención exclusiva a su persona y la escucha de su Palabra; incluso por encima del  valioso servicio de hospitalidad que Marta le brinda.

 Meditación ¿Qué me dice el Señor en el texto?

Este evangelio nos presenta una toma de posición de Jesús, una enseñanza  normativa, que establece una novedad para la escala de valores de sus discípulos, de  ayer, hoy y siempre.

En primer lugar, tenemos la apertura del discipulado a la mujer. Lo que María es  y lo que hace, Jesús lo aprueba en contra de las normas religiosas de su época. Le  permite ocupar un legítimo lugar entre los discípulos de Jesús.

En segundo lugar, lo que caracteriza al discípulo de Jesús, lo más importante y  lo único necesario para serlo, es la escucha de la Palabra de Dios. En este sentido bien  podemos hablar de un primado de la contemplación sobre la acción; que no es más  que consecuencia del primado de la Gracia, del obrar de Dios sobre el obrar del  hombre. Al respecto decía el Papa Francisco en el Ángelus del 17 de julio de 2022:  “María ha intuido que hay una “parte buena” a la que hay que dar el primer lugar. Todo  lo demás viene después, como un arroyo de agua que brota de la fuente. Y así nos  preguntamos: ¿Y qué es esta “parte buena”? Es la escucha de las palabras de Jesús.  Dice el Evangelio. «María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra»

(v. 39). Notemos que no escuchaba de pie, haciendo otras cosas, sino que estaba  3

sentada a los pies de Jesús. Ha entendido que Él no es un huésped como los demás.  A primera vista parece que ha venido a recibir, porque necesita comida y alojamiento,  pero en realidad, el Maestro ha venido para donarse a sí mismo mediante su palabra”.

Además, teniendo en cuenta que Lucas coloca este evangelio a continuación de  la parábola del buen samaritano, Jesús nos enseña que la compasión auténtica brota  de una contemplación verdadera. La escucha atenta, discipular, de las palabras de  Jesús son las que provocan el cambio de corazón que nos llevará a ver las necesidades  del prójimo, de todo próximo, a sentir compasión y a obrar en consecuencia. Por tanto,  sólo un corazón que escucha puede llegar a ser un corazón que ve.

En fin, como dijo el Papa Francisco en el ángelus del 21 de julio de 2019: “El  Evangelio de hoy nos recuerda, pues que la sabiduría del corazón reside precisamente  en saber conjugar estos dos elementos: la contemplación y la acción. Marta y María  nos muestran el camino. Si queremos disfrutar de la vida con alegría, debemos aunar  estas dos actitudes: por un lado, el “estar a los pies” de Jesús, para escucharlo mientras  nos revela el secreto de cada cosa; por otro, ser diligentes y estar listos para la  hospitalidad, cuando Él pasa y llama a nuestra puerta, con el rostro de un amigo que  necesita un momento de descanso y fraternidad. Hace falta esta hospitalidad”.

Continuamos la meditación con las siguientes preguntas: 

1. ¿Le dedico tiempo a la oración?
2. ¿En mi oración personal trato de escuchar al Señor o sólo hablo yo?
3. ¿He sentido alguna vez que la Palabra del Señor resonó de verdad en mi corazón y   me comprometió al amor fraterno?
4. ¿Realizo mis apostolados de forma ansiosa y como llevando un peso; o son expresión alegre del amor del Señor por mí?

Oración: ¿Qué le respondo al Señor que me habla en el texto? 

Gracias Jesús por Tu Palabra.
Gracias por entrar en mi casa hoy también.
Dame oído y corazón de discípulo siempre.
Que no elija el hacer por hacer ni el hablar por hablar.
Que siempre sepa escucharte.
Sólo así podré escuchar a mis hermanos,
especialmente a quienes piden a gritos ayuda y presencia.
Amén.

Contemplación: ¿Cómo hago propias en mi vida las enseñanzas del texto?
Jesús, abre una vez más mi corazón para escuchar tu Palabra.

Acción: ¿A qué me comprometo para demostrar el cambio?
Durante esta semana me comprometo a escuchar a alguien de mi familia –biológica o  espiritual- sin interrumpir.

Bitácora de grandes Lectionautas 
«Jesús necesita almas que en silencio lo escuchen» (San Rafael Arnáiz).