La siguiente guía tiene como fuente Lectionautas,  difundido por el Departamento de Animación y Pastoral Bíblica de la Conferencia Episcopal Argentina, elaborado por monseñor Damián Nannini (Obispo de San Miguel).

James Titssot, Brooklyn Museum

Preparación espiritual

Espíritu Santo, enséñame a dar gratuitamente.
Espíritu Santo, que busque siempre lo que nunca acaba.
Espíritu Santo, que con María, reciba y viva la Palabra.
Espíritu Santo, dame la valentía para anunciar

Evangelio según San Lucas 13, 22-30

22 Mientras se dirigía a Jerusalén, Jesús enseñaba en las ciudades y pueblos por donde pasaba. 23 Entonces una persona le preguntó: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?». Jesús les respondió: 24 «Esfuércense en entrar por la puerta angosta. Porque les aseguro que muchos querrán entrar y no podrán. 25 Cuando el dueño de casa se levante y cierre la puerta, ustedes se quedarán afuera y comenzarán a llamar diciendo: “¡Señor, ábrenos!” Y él les responderá: “No sé de dónde vienen”. 26 Entonces comenzarán a decir: “¡Hemos comido y bebido contigo! ¡Has enseñado en nuestras plazas!” 27 Y él les dirá: “¡Yo no sé de dónde vienen! ¡Aléjense de mí todos los que hacen el mal!” 28 Allí habrá llanto y desesperación cuando vean a Abrahán, a Isaac y a Jacob con todos los profetas en el Reino de Dios mientras que ustedes son arrojados fuera. 29 Vendrá gente del este y del oeste, del norte y del sur y se sentará en el banquete del Reino de Dios, 30 y habrá últimos que serán primeros y primeros que serán últimos».

Algunas preguntas para una lectura atenta 

1. ¿Qué hace Jesús mientras va camino a Jerusalén?
2. ¿Qué le preguntan a Jesús y por qué?
3. ¿Responde Jesús exactamente a la pregunta? ¿Qué es lo que enseña Jesús?
4. ¿Qué mensaje da Jesús con su parábola?

Algunas pistas para comprender el texto:
Mons. Damián Nannini 

En primer lugar, Lucas nos vuelve a recordar que Jesús va camino a Jerusalén con sus discípulos y que «de camino» se dedica a la enseñanza. Jesús Maestro suele enseñar respondiendo a preguntas y cuestiones que le plantean. La pregunta de hoy es: «¿son pocos los que se salvan?» Al parecer esta pregunta no apunta tanto a la cuestión de la cantidad de los que se salvan, sino que encierra una preocupación más subjetiva como es la cuestión de saber si uno está incluido dentro de ese número.

Jesús no responde directamente a lo preguntado por el hombre, sino que exhorta vehementemente a la conversión, pues hay que esforzarse seriamente por entrar por la puerta que conduce a la salvación porque es estrecha. La respuesta de Jesús va más allá de todo cálculo pues no se detiene en cuántos se salvan sino en cómo se salvan; y por eso exhorta a «luchar» para entrar por la puerta estrecha.

Es importante señalar que sólo hay dos opciones: la «puerta estrecha» o la «puerta cerrada»; por eso invita a tomar ya la decisión correcta por el Reino de Dios. La parábola que sigue desarrolla esta posición por cuanto dice que en cierto momento la puerta se cerrará y ya no se podrá entrar más. Y aunque los que quedaron afuera reclamen por entrar alegando haber conocido al Señor, ya es demasiado tarde.

Al parecer Jesús toma la imagen de las puertas de las ciudades amuralladas que se cerraban al caer la tarde. Este breve relato pone el acento en la sinceridad de la decisión por Cristo, pues no alcanza con haberlo visto, escuchado y luego dejado pasar. Era necesario haberlo seguido, comprometer la vida por Él. Lo que sigue del evangelio nos sugiere que en su sentido original esta parábola era una crítica a los israelitas quienes pensaban tener asegurada la salvación por la sola pertenencia al pueblo elegido. Jesús les dice que, al no haber optado por Dios, por su Mesías y por la conversión, quedarán fuera del banquete del Reino. Y una vez cerrada la puerta, no habrá lugar para reclamos.

La frase final «pues hay últimos que serán primeros y hay primeros que serán últimos», repetida en el evangelio, hace alusión a la inversión de situación que se dará en el juicio de Dios. Hay últimos – pecadores y paganos – que por haberse convertido y entrado por la puerta estrecha serán primeros; y hay primeros – judíos y los que se creen justos – que serán últimos por no convertirse.

En conclusión, el texto de hoy tiene como tema fundamental el ingreso en el Reino de Dios y acentúa en particular dos ideas: la urgencia de hacer lo necesario para ser admitido en el Reino antes de que sea demasiado tarde; y el verdadero arrepentimiento como condición indispensable de admisión.

Meditación ¿Qué me dice el Señor en el texto?

En el evangelio se nos habla mucho de entrar en el Reino de Dios para encontrar la salvación. Entonces es lógico que nos preguntemos cómo entrar en el Reino o, en otras palabras, qué tal es la puerta para entrar, ancha o estrecha.

Jesús nos dice en primer lugar que la puerta está abierta a todos, vale decir que todos somos invitados a entrar por ella; nadie debe sentirse excluido del amor del Padre que quiere darnos el Reino. Pero también nos dice Jesús que la puerta es estrecha, lo cual quiere decir que no es fácil entrar, hay que desprenderse de muchas cosas poder pasar.

También nos dice Jesús que para poder entrar al Reino de Dios es necesaria una clara decisión que se refleje en la vida y en las obras. No alcanza la pasividad ni el haber escuchado hablar de Cristo. Hay que optar claramente por él con la vida.

Lo otro que nos dice Jesús es que esta puerta en un momento se va a cerrar y ya no se podrá entrar. Al respecto decía el Papa Francisco en el ángelus de 21 de agosto de 2022:

“Pensemos, pues, cuando Jesús dice: «Yo soy la puerta. Si uno entra por mí, estará a salvo» (Jn 10,9). Nos quiere decir que, para entrar en la vida de Dios, en la salvación, hay que pasar a través de Él, no de otro, de Él; acogerlo a Él y a su Palabra. Así como para entrar en la ciudad, había que “medirse” con la única puerta estrecha que permanecía abierta, del mismo modo, la vida del cristiano es una vida “a medida de Cristo”, fundada y moldeada en Él. Esto significa que la vara de medir es Jesús y su Evangelio: no lo que pensamos nosotros, sino lo que nos dice Él. Así que se trata de una puerta estrecha no por ser destinada a pocas personas, sino porque pertenecer a Jesús significa seguirle, comprometer la vida en el amor, en el servicio y en la entrega de uno mismo como hizo Él, que pasó por la puerta estrecha de la cruz. Entrar en el proyecto de vida que Dios nos propone implica limitar el espacio del egoísmo, reducir la arrogancia de la autosuficiencia, bajar las alturas de la soberbia y del orgullo, vencer la pereza para correr el riesgo del amor, incluso cuando supone la cruz […] Hermanos y hermanas, nosotros, ¿de qué lado queremos estar? ¿Preferimos el camino fácil de pensar exclusivamente en nosotros mismos o elegimos la puerta estrecha del Evangelio, que pone en crisis nuestros egoísmos, pero nos vuelve capaces de acoger la vida verdadera que viene de Dios y que nos hace felices? ¿De qué lado estamos? Que la Virgen, que siguió a Jesús hasta la cruz, nos ayude a medir nuestra vida basándonos en Él, para entrar en la vida llena y eterna”.

 

Continuamos la meditación con las siguientes preguntas: 

1. ¿Me siento invitado personalmente por el Señor a entrar en el Reino de Dios?
2. ¿Cómo imagino que es la puerta de ingreso al Reino, estrecha o ancha?
3. ¿Qué me cuesta más dejar para poder entrar por la puerta estrecha?
4. ¿Comprendo que tengo que tomar la decisión de seguir al Señor sin demorar?
5. ¿Trato de vivir con coherencia y sinceridad mi vida cristiana?

Oración: ¿Qué le respondo al Señor que me habla en el texto? 

Gracias Jesús por estar atento a mí.
Gracias por la invitación siempre nueva a entrar por la puerta estrecha.
Sé que me esperas y quiero responderte.
Dame el regalo de no inflarme de orgullo,
que el egoísmo no me gane.
Jesús, que en mis palabras y obras se vea claro mi opción
Por Vos y por el Reino.
Amén.

Contemplación: ¿Cómo hago propias en mi vida las enseñanzas del texto?

Señor, dame la coherencia necesaria para poder entrar por Tu puerta estrecha.

Acción: ¿A qué me comprometo para demostrar el cambio?

Durante esta semana me propongo tener un gesto concreto de humildad con alguien que me cueste.

Bitácora de grandes Lectionautas 
”Todos deben pasar por la puerta estrecha de la renuncia y de la donación de sí mismos”,
(San Juan Pablo II).