La siguiente guía tiene como fuente Lectionautas,  difundido por el Departamento de Animación y Pastoral Bíblica de la Conferencia Episcopal Argentina, elaborado por monseñor Damián Nannini (Obispo de San Miguel).

Michel Corneille the Younger (siglo XVII). Vocation de Saint Pierre et de Saint André. Pintura, 74 x 60 cm. Museo de Bellas Artes de Rennes

Preparación espiritual

Espíritu Santo, ven e ilumíname en este encuentro con la Palabra.
Espíritu Santo, ven y toca mi corazón
para que pueda recibir el evangelio.
Espíritu Santo ven e impúlsame a vivir la Buena Noticia.

Amén.

Evangelio según San Mateo 4, 12-23. |Tercer domingo durante el año. Ciclo A

12 Cuando se enteró de que Juan había sido apresado, Jesús se retiró a Galilea. 13 Luego,
dejando Nazaret, se fue a vivir a Cafarnaún, junto al mar, en los límites de Zabulón y Neftalí, 14 para que se cumpliera lo anunciado por el profeta Isaías:15 Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos.16 El pueblo que habitaba en tinieblas vio una gran luz; a los que habitaban en una región de sombras mortales una luz les iluminó.17 A partir de entonces, Jesús comenzó a proclamar: «¡Conviértanse, porque el Reino de los cielos ya está llegando!».
18 Mientras Jesús caminaba por la orilla del mar de Galilea vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, pues eran pescadores. 19 Les dijo: «Vengan tras de mí y los haré pescadores de hombres». 20 Ellos, de inmediato, dejando las redes, lo siguieron.
21 Más adelante Jesús vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su
hermano Juan, que estaban en la barca con su padre Zebedeo, remendando sus redes.
También los llamó. 22 Ellos, de inmediato, dejando la barca y a su padre, lo siguieron.
23 Jesús recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas de los judíos, proclamando la
Buena Noticia del Reino y sanando todas las enfermedades y dolencias de la gente.

Algunas preguntas para una lectura atenta 

1. ¿Qué hace Jesús cuando se entera del arresto de Juan Bautista?
2. ¿A dónde se fue a vivir Jesús y qué profecía se cumplió en Él?
3. ¿Qué empieza a proclamar Jesús a partir de ese momento?
4. ¿A quiénes, cómo y para qué llama Jesús?
5. ¿Qué hace Jesús mientras recorre toda la Galilea?

Algunas pistas para comprender el texto:
Mons. Damián Nannini 

El evangelio de hoy comienza indicándonos que, tras el arresto de Juan Bautista, Jesús se traslada de Nazareth a Galilea, más precisamente a la ciudad de Cafarnaún, en los confines de Zabulón y Neftalí. Con esta indicación temporal y geográfica se señala, en primer lugar, el fin de la misión del Bautista y con ello la culminación de una etapa de la historia de la salvación con el surgimiento de algo nuevo que comenzará con la predicación y la acción de Jesús. Pero esta novedad no es absoluta por cuanto enseguida Mateo nos dice que con este desplazamiento Jesús está cumpliendo lo anunciado por el profeta Isaías (9,1-2). Vale decir que la promesa de una presencia luminosa de Dios en esta región que traerá la liberación y la alegría se cumple en la persona de Jesús. Él es presentado por Mateo como la «gran luz» para los que se encontraban en la oscuridad y las tinieblas; y mediante este desplazamiento se está cumpliendo el plan de Dios.

A continuación, Jesús dedica sus primeras palabras al anuncio (kerygma) de la venida del Reino: «A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca» (Mt 4,17). El kerygma en Mt se expresa con un imperativo «conviértanse» (metanoeite) al cual sigue como motivación la cercanía del reino de los cielos. Es la misma predicación de Juan el Bautista (cf. Mt 3,2), pero estamos ya en una etapa distinta. El término «conversión» (metanoia) es un concepto que sintetiza todo cuanto Jesús quiere del hombre, resume todo lo que debe ocurrir en el hombre respecto al Reino que está cerca. En definitiva, significaría lo que Jesús exige, que según Mateo es el seguimiento.

Luego tenemos la creación del discipulado (Mt 4,18-22), con lo cual se indica que la llegada del Reino es esencialmente comunitaria, es decir, está referido a un pueblo concreto a quien va destinado y que está llamado a aceptarlo y hacerlo visible. Por cuanto el Reino de Dios es la comunidad con Dios en la comunidad de los hombres que se han unido a Jesús, la primera acción de Jesús después de anunciarlo es conformar la comunidad de sus discípulos. La modalidad de la llamada es una palabra personal de Jesús y el contenido de la misma es una orden de seguirlo, de vincularse a su Persona ya que les dice «vengan detrás de mí», sin otra precisión que un difuso horizonte misionero: «y los haré pescadores de hombres».

El seguimiento (akolouzeō) es la respuesta de los discípulos (4,20.22), que nos sorprende por su prontitud y nos recuerda la de Abram (cf. Gn 12,1-4). También aquí se acentúa el carácter personal por cuanto dice el evangelio que «lo siguieron». Previo al seguimiento hubo un gesto fuerte de desprendimiento pues dejaron lo que tenían entre manos: las redes, la barca, el padre.

En síntesis, Mt 4,18-22 nos presenta el modelo de la respuesta al anuncio del Reino por parte de Jesús. El versículo final, 4,23, además ser un «sumario» de la actividad de Jesús, cierra la sección a modo de inclusión pues retoma el tema del Reino de Dios presente en 4,17. La actividad de Jesús se sintetiza con tres verbos: enseñar (didáskō), proclamar (kerissō) el evangelio del Reino y curar (zerapeúō) enfermedades y dolencias. Las curaciones que realiza Jesús son signos visibles de la llegada de este Reinado de Dios que implica la supresión del mal que afecta a los hombres.

Meditación ¿Qué me dice el Señor en el texto?

La imagen de la LUZ es fuerte este domingo y lo es también en nuestras vidas. Todos necesitamos de la luz, para ver, para caminar, para elegir el camino y llegar a la meta; mientras que la oscuridad nos paraliza por el miedo que nos provoca. En el evangelio de hoy hay una luz que se oculta, la de Juan Bautista, quien era sólo el testigo de la Luz (Jn 1,7-8). Este ocultamiento del testigo es la señal para que la Luz verdadera se manifieste. Jesús es la LUZ de Dios en persona y, por eso, ilumina ante todo por lo que Él es: el Hijo de Dios. Dónde Él se hace presente se disipan las tinieblas y desaparece la oscuridad.

Todo cambia, todo se ilumina. De modo especial Jesús nos ilumina con sus palabras y con sus acciones, esto es, con la Luz de la Verdad y de la Caridad. Se trata de una luz que brota del amor, por eso es una Luz cálida, que ilumina y enamora; que invita a la renuncia y al seguimiento; que pide dejar toda otra luz para ser guiado sólo por la Luz de su Presencia. Al ponernos en camino, en seguimiento de Jesús y en obediencia a su Palabra, se disipan todas nuestras tinieblas y nos invade su Luz.

Por ser Luz de amor, Luz de fuego, enciende otras luces para que a su vez iluminen. No una, sino muchas, de a dos, para que ardan juntas y la luz de la caridad se difunda. Cristo es la luz de las naciones y la Iglesia es como la luna, sin luz propia, llamada a reflejar la luz del Sol, de Cristo.

Jesús hace presente el Reino de Dios, el Reino de la Luz. Nos lo hace cercano, al punto de poder iluminar toda nuestra existencia…si se lo permitimos, si no la rechazamos, si nos dejamos iluminar. «La fe sabe que Dios se ha hecho muy cercano a nosotros, que Cristo se nos ha dado como un gran don que nos transforma interiormente, que habita en nosotros, y así nos da la luz que ilumina el origen y el final de la vida, el arco completo del camino humano» (LF no 20).

Nuestra respuesta a esta iniciativa amorosa del Señor es dejarnos iluminar por su LUZ al punto de hacernos “luminosos”; y entonces sí, nos volveremos testigos de su LUZ ante el mundo, llegando hasta las periferias donde reina la oscuridad.

Hoy celebramos también la VII edición del Domingo de la Palabra de Dios bajo el lema: “La palabra de Cristo habite en ustedes” (Col 3,16). Comentando esta frase dice Mons. R. Fisichella: “Lo que hemos recibido del Apóstol no es una mera invitación moral, sino la indicación de una forma nueva de existencia. Pablo no pide que la Palabra sea solo escuchada o estudiada: él quiere que ella “habite”, es decir, que tome residencia estable, plasme los pensamientos, oriente los deseos y haga creíble el testimonio de los discípulos. La Palabra de Cristo permanece como criterio seguro que unifica y vuelve fecunda la vida de la comunidad cristiana […]. Todo cristiano y toda comunidad deberán recuperar el primado de la Palabra de Dios. Su escucha sincera y profunda es una vía fundamental para que el hombre encuentre a Dios. Cuando se deja espacio a la Palabra, cada uno descubre que el Verbo de Dios habita su corazón, como semilla que a su tiempo germina y da fruto. Todos, de hecho, estamos invitados a nutrirnos del pan cotidiano de la Palabra, para luego anunciarla a los hermanos, pues el anuncio surge de la abundancia del corazón, según la frase evangélica: “La boca habla de lo que está lleno el corazón” (Mt 12,34; Lc 6,45)”.

Vinculando el evangelio de hoy con el Domingo de la Palabra de Dios el Papa Francisco hacía esta síntesis: “la Palabra es para todos, la Palabra llama a la conversión, la Palabra hace anunciadores.

Continuamos la meditación con las siguientes preguntas: 

1. ¿Hay zonas o lugares de mi vida que siguen en la oscuridad?
2. ¿Dejo que Jesús con sus Palabras sea la LUZ que disipe todas mis tinieblas?
3. ¿He sentido el llamado del Señor a seguirlo por dónde me lleve?
4. ¿Qué respuesta le estoy dando hoy al Señor que me llama por su Palabra?
5. ¿Me animo a llegarme a las periferias de los hombres para llevarles la LUZ de la
Palabra de Dios?

Oración: ¿Qué le respondo al Señor que me habla en el texto? 

Gracias Jesús por ser Luz de luz.
Gracias, por llamarme una vez más.
Haz que sepa descubrirte mis oscuridades,
todo aquello que me resulte turbio o no sea claro.
Enciende mi noche, experimentando que,
si estás, todo es distinto.
Que Tu Palabra me acompañe siempre
para llegar a todas las periferias:
las mías propias y las de mis hermanos.

Amén.

Contemplación: ¿Cómo hago propias en mi vida las enseñanzas del texto?

Jesús, que sepa encenderme con Tu Luz, para llegar a todos

Acción: ¿A qué me comprometo para demostrar el cambio?

Durante esta semana me propongo dejarme iluminar por la Palabra de Dios e identificar
la periferia a la cual Jesús me pide que ilumine con su Luz.

Bitácora de grandes Lectionautas 

«Un cristiano fiel, iluminado por los rayos de la gracia al igual que un cristal, deberá iluminar a los demás con sus palabras y acciones, con la luz del buen ejemplo”, San Antonio de Padua.