La siguiente guía tiene como fuente Lectionautas, difundido por el Departamento de Animación y Pastoral Bíblica de la Conferencia Episcopal Argentina, elaborado por monseñor Damián Nannini (Obispo de San Miguel).

Stanzione, Massimo (Hacia 1635). Forma parte de la colección Las cuatro estaciones. Óleo sobre lienzo, 187 cm x 335 cm. Museo del Prado.
Preparación espiritual
Espíritu Santo, hazte presente en este encuentro con la Palabra.
Espíritu Santo, derrámate en este momento
y en cada lugar donde me encuentre.
Espíritu Santo, toca mi corazón en este tiempo de esperanza.
Espíritu Santo, ayúdame a buscar el sentido de lo eterno
junto a mis hermanos.
Amén.
Evangelio según San Mateo 3, 1-12. |Segundo domingo de adviento. Ciclo A
1 En aquellos días se presentó Juan el Bautista proclamando en el desierto de Judea: 2 «¡Conviértanse, porque está llegando el Reino de los cielos!». 3 Él es de quien hablaba el profeta Isaías cuando dijo: Una voz grita en el desierto: preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos. 4 Juan vestía un manto hecho con pelos de camello y un cinturón de cuero atado a su cintura, y su comida eran saltamontes y miel del campo. 5 La gente de Jerusalén, de toda Judea y de toda la región del Jordán acudía a él 6 para ser bautizados en el río Jordán, reconociendo públicamente sus pecados. 7 Pero al ver que muchos fariseos y saduceos llegaban para ser bautizados por él, les dijo: «Raza de víboras, ¿quién les enseñó a huir del inminente castigo divino? 8 Den fruto que demuestre la conversión, 9 y no piensen que basta con decir en su interior: “Tenemos por padre a Abrahán”, porque yo les aseguro que de estas piedras Dios puede sacar hijos de Abrahán. 10 El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles: ¡todo árbol que no produce buen fruto será cortado y arrojado al fuego! 11 Yo los bautizo con agua para su conversión; pero aquel que viene detrás de mí es más poderoso que yo, y ni siquiera soy digno de quitarle las sandalias. Él los bautizará con el Espíritu Santo y fuego. 12 Ya tiene en su mano el rastrillo para separar el trigo de la paja: el trigo lo recogerá en su granero, pero la paja la quemará con un fuego que no se apaga».
Algunas preguntas para una lectura atenta
1. ¿Dónde se presentó Juan Bautista y qué dijo?
2. ¿Qué profecía se cumple con la predicación del Bautista en el desierto?
3. ¿Cómo vestía Juan Bautista y cómo respondía la gente a su predicación?
4. ¿Qué le dice Juan Bautista a los escribas y fariseos?
5. ¿A quién se refiere Juan Bautista en su mensaje final?
Algunas pistas para comprender el texto:
Mons. Damián Nannini
El texto comienza sin muchos preámbulos presentando a Juan Bautista predicando en el desierto de Judea. Su predicación tiene dos partes. La primera señala el comienzo de la manifestación del Reino: “Conviértanse porque el Reino de Dios está cerca”. Es la misma expresión que aparecerá en boca de Jesús (4,17) y de los apóstoles (10,7) más adelante. Juan Bautista nos deja entonces a las puertas del Reino de Dios que Jesús hará presente y que ya está cerca. Ahora bien, por lo que sigue suponemos que Juan Bautista entendía esta venida del Reino como la definitiva manifestación de Dios, de la ira de Dios (3,7), identificándola con la parusía, con el juicio de Dios al final de los tiempos.
Luego Mateo, siempre atento a las Escrituras, considera que en Juan Bautista se cumple la profecía de Isaías 40,3 acerca de la voz que grita en el desierto para que preparen el camino del Señor, que allanen los senderos. Aquí se define su misión de precursor en cumplimiento de las Escrituras. Notemos que Isaías se refiere al Señor Yahvé, mientras Mateo al decir: “enderezad sus sendas”, se refiere a las de Jesús. Por tanto, ha tomado un texto profético referido a Dios y se lo aplica a Jesús. Luego se describen las vestiduras y la frugal comida del Bautista que demuestran su condición ascética y refuerzan su predicación del juicio. Pero como su vestimenta (“una túnica de pelos de camello y un cinturón de cuero” 3,4) coincide con la de Elías (cf. 2Re 1,8); y porque más adelante Mateo hace esta identificación de Juan Bautista con Elías (cf. Mt 17,10-13); se cumple también la profecía de Malaquías 3,23-24 según la cual, antes de la llegada del día del Señor, Dios enviaría al profeta Elías para reconciliar a los padres con los hijos. La presencia y acción de Juan Bautista resulta eficaz por cuanto muchos y de varias partes acuden a él para ser bautizados confesando sus pecados. El anuncio de la llegada del Reino es una invitación al pueblo que sencillamente se prepara para recibirlo confesando sus pecados.
Distinta es la actitud de los fariseos y saduceos y, por eso, Juan Bautista les dedica una segunda prédica que consiste en decirles que la verdadera pertenencia a la descendencia de Abrahán se manifiesta en vivir según la Ley desde el corazón, y que no alcanza con la pertenencia étnica a la descendencia del patriarca.
Para Juan Bautista el anuncio del Reino es anuncio del Juicio. Y el criterio de este juicio de Dios son las obras, los “frutos” que debe dar una sincera conversión. Al final de su discurso (3,10-12) se incluye el anuncio del Mesías, pero que en Juan Bautista se identifica con el juez escatológico, cuya acción se compara a la del fuego, que remite al castigo divino o fuego eterno o gehena.
Meditación ¿Qué me dice el Señor en el texto?
El domingo pasado se nos invitaba a mirar al futuro, al Señor que viene al fin de los tiempos, mientras que ahora nuestra mirada se vuelve al pasado, a la venida histórica de Jesús. Es que justamente esta primera venida del Señor es lo que nos permite esperar confiados su segunda y definitiva venida.
Miramos hacia lo que ya pasó para saber cómo esperar en el presente lo que vendrá. Y así Juan Bautista preparó al pueblo para recibir al Señor, también su voz resuena para nosotros invitándonos a la conversión.
La conversión que Dios nos pide este tiempo de Adviento consiste en un cambio existencial. Se nos invita a una revisión de nuestras actitudes ante lo presente y ante lo futuro y definitivo. Ante la posibilidad real del juicio de Dios, de lo definitivo, se nos invita a ordenar nuestra escala de valores, a distinguir entre lo esencial y lo secundario, entre lo importante y lo urgente.
Si queremos bajar a lo más práctico y concreto: en primer lugar, el Señor nos pide conversión, arrepentimiento, confesión de los pecados. La gente sencilla lo entiende bien. El pecado no es un problema sin solución, pues existe la posibilidad del arrepentimiento y del perdón de Dios. Quitar los pecados con el perdón de Dios es la forma de enderezar los caminos para que Jesús llegue a nuestras vidas.
En segundo lugar, la conversión en adviento es una invitación a revisar el uso de nuestro tiempo: para qué tenemos tiempo y para qué no tenemos nunca tiempo. De hecho, en el juicio final daremos cuenta de lo que hicimos con nuestra vida, o con nuestro tiempo, que es casi lo mismo.
Al respecto decía el Papa Francisco el 4 de diciembre de 2022: “El Adviento es un tiempo de gracia para quitarnos nuestras máscaras —cada uno de nosotros tiene una— y ponernos a la fila con los humildes; para liberarnos de la presunción de creernos autosuficientes, para ir a confesar nuestros pecados, esos escondidos, y acoger el perdón de Dios, para pedir perdón a quien hemos ofendido. Así comienza una nueva vida. Y la vía es una sola, la de la humildad: purificarnos del sentido de superioridad, del formalismo y de la hipocresía, para ver en los demás a hermanos y hermanas, a pecadores como nosotros y ver en Jesús al Salvador que viene por nosotros, no por los demás, por nosotros; así como somos, con nuestras pobrezas, miserias y defectos, sobre todo con nuestra necesidad de ser levantados, perdonados y salvados. Y recordemos de nuevo una cosa: con Jesús la posibilidad de volver a comenzar siempre existe. Nunca es demasiado tarde, siempre está la posibilidad de volver a comenzar, tened valor, Él está cerca de nosotros en este tiempo de conversión”.
Continuamos la meditación con las siguientes preguntas:
1. ¿Qué situaciones, personas o cosas pueden impedir que el Señor llegue a mí?
2. ¿He vivido alguna conversión fuerte experimentando el perdón del Señor?
3. ¿Qué debería ordenar en mi vida para que el Señor pueda venir a ella?
4. ¿Tengo tiempo para Dios y para el prójimo, especialmente el necesitado?
5. ¿Reservo tiempo para mi vida interior, el cuidado de mi salud y el cultivo de mis vínculos familiares?
Oración: ¿Qué le respondo al Señor que me habla en el texto?
Gracias Jesús por Juan, el Bautista.
Que puedas regalarme una sincera conversión.
Sé que a veces el éxito, el poder y la riqueza quieren ganar.
Que el bautismo que una vez me regalaste siga actuando,
ordenando mi vida con tus valores.
Ubícame las veces que sean necesarias
Para que pueda darle prioridad a lo importante sobre lo urgente.
Quiero en este tiempo de esperanza,
dar pasos firmes para encontrarnos.
Amén.
Contemplación: ¿Cómo hago propias en mi vida las enseñanzas del texto?
Jesús, conviérteme: quiero distinguir lo importante de lo urgente.
Acción: ¿A qué me comprometo para demostrar el cambio?
Durante esta semana me propongo cada mañana ordenar el día priorizando lo importante. Le pediré a San Juan Bautista que me ayude.
Bitácora de grandes Lectionautas
«El que no se arrepiente de su vida pasada, no puede emprender otra nueva”, San Agustín.