La siguiente guía tiene como fuente Lectionautas, difundido por el Departamento de Animación y Pastoral Bíblica de la Conferencia Episcopal Argentina, elaborado por monseñor Damián Nannini (Obispo de San Miguel).

Cristo apareciéndose a San Pedro en la Via Apia (1601-2) – Annibale Carracci (1560–1609) – National Gallery, Londres | © The National Gallery, London | Fuente http://www.nationalgalleryimages.co.uk/
Maria Felice Tibaldi Subleyras| Capitoline Museums | Google Art Project
Preparación espiritual
Espíritu Santo, ora en mí.
Espíritu Santo, ora en mi comunidad.
Espíritu Santo, ora en el pueblo Dios.
Espíritu Santo, ora junto a todos y en todos
para que este mes de la Biblia sea
tiempo de escucha, gracia y misión compartida.
Amén.
Evangelio según San Lucas 14, 25-33
25 Junto con Jesús iban grandes multitudes. Entonces, dirigiéndose a ellos, les dijo: 26 «Si alguno viene a mí y no me ama más que a su padre y a su madre, que a su mujer y a sus hijos, que a sus hermanos y a sus hermanas y más que a su propia vida, no puede ser mi discípulo. 27 El que no carga su cruz y viene detrás de mí no puede ser mi discípulo». 28 «¿Quién de ustedes, si quiere construir una torre, no se sienta antes a calcular si tiene lo suficiente para terminarla? 29 De lo contrario, una vez que puso los cimientos y no pudo acabarla, todos quienes lo vean comenzarán a burlarse de él 30 y dirán: “Este es un hombre que empieza a construir y no puede concluir”. 31 ¿Hay algún rey que, cuando sale a enfrentarse contra otro rey, no se sienta antes a calcular si con diez mil soldados puede presentar batalla al que viene con veinte mil? 32 Y, si no puede, cuando todavía el otro está lejos, le envía una delegación para proponerle un tratado de paz. 33 De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncia a todo lo que posee no puede ser mi discípulo»
Algunas preguntas para una lectura atenta
- ¿Qué condiciones le pone Jesús a la multitud para ser su discípulo?
- ¿Qué mensaje quiere darles con el ejemplo de la construcción de la torre?
- ¿Y qué les quiere decir con el ejemplo del rey que sale a dar batalla?
- ¿La segunda parábola, se dirige a las mismas personas y da el mismo mensaje; o el destinatario y el mensaje son diferentes?
Algunas pistas para comprender el texto:
Mons. Damián Nannini
El relato comienza haciendo referencia a una multitud que camina junto a Jesús. Podemos decir que son quienes han escuchado el llamado a entrar por la puerta estrecha y empiezan a responder poniéndose en movimiento.
Para comprender mejor las exigencias que pone Jesús para seguirlo hay que tener cuenta la parábola inmediatamente anterior (Lc 14,15-24 que no leemos hoy) donde los invitados a la boda despreciaron la invitación pues no supieron valorarla y, por ello, se excusaron por cuestiones económicas o familiares.
Mediante esta parábola se enseña que hay apegos humanos que nos retienen e impiden entrar por la puerta estrecha y, por eso, las exigencias de renuncias para seguirlo.
Los oyentes, todos, no son todavía discípulos, pero están llamados a serlo. Lo que les falta es aceptar y vivir las condiciones del seguimiento que él mismo Jesús les expondrá a continuación. En efecto, los versículos 26 y 27 expresan las exigencias necesarias para «ser discípulo». ¿Y cuáles son estas exigencias o condiciones?
La primera es amar a Jesús por encima de cualquier otro vínculo humano, incluidos los más cercanos como son los vínculos familiares (padre, madre, hijos, hermanos). Luego, hay que amar a Jesús más que a sí mismo, más que a la propia vida. En tercer lugar, cargar la propia cruz y seguirlo.
Si no se dan estas tres condiciones, no se puede ser discípulo de Jesús.
Vistas estas exigencias, ¿no será prudente reflexionar desde ahora antes de decidirse a dar un paso semejante? La respuesta a esta pregunta la encontramos en los versículos 28-32 que traen dos breves parábolas con un mismo mensaje fundamental: hay que sentarse a reflexionar antes de decidirse a seguir al Señor después de haber escuchado de boca del mismo Jesús las renuncias que esto implica. No es prudente ni sabio comenzar y luego dejar a mitad del camino. Por tanto, no se puede tomar la opción ni a la ligera ni a medias. Es a todo o nada; y para siempre.
La perícopa se cierra en el versículo 33 con la presentación de otra condición para ser discípulo de Jesús: estar dispuesto a renunciar a todos los bienes, que en cierto modo engloba las tres anteriores ya que en este contexto «bienes» se refiere a todo lo que el hombre es y tiene, o busca poseer: vínculos y afectos; la propia vida, el bienestar material.
Meditación ¿Qué me dice el Señor en el texto?
No caben dudas que el evangelio de este domingo nos presenta muy claramente la estrechez de la puerta por la que estamos llamados a pasar si queremos de verdad seguir a Jesús, ser sus discípulos.
Y tampoco caben dudas que la impresión que suelen provocarnos estas palabras de Jesús es más bien negativa, nos asustan y casi nos espantan. Y la verdad es que Jesús no nos pide mucho, nos pide todo. O, mejor dicho, nos pide el primer y único lugar en el orden de los afectos.
Jesús nos pide que lo amemos como a Dios, esto es, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas. ¿Y la familia? ¿Y la propia vida? ¿Y los bienes? Se los puede amar, pero de modo subordinado al amor exclusivo que reclama Jesús.
Para lograr esto primero hay que renunciar afectivamente a todo para recuperarlo después, pero ya ordenado al amor de Cristo. Hay un ejemplo que puede ayudarnos a explicar esto.
Es lo que nos pasa cuando cruzamos por el control en un aeropuerto: tenemos que dejar a un lado todo lo que llevamos para pasar por la “estrecha puerta” que detecta metales, mientras nuestras posesiones pasan por un carril donde está el aparato que «escanea» el equipaje.
Luego de pasar la puerta, recuperamos nuestro bolso con nuestras cosas, ya controladas.
Sobre el seguimiento radical de Jesús decía el Papa Francisco en su homilía del 4 de septiembre de 2022: “Seguirlo no significa entrar en una corte o participar en un desfile triunfal, y tampoco recibir un seguro de vida. Al contrario, significa cargar la cruz (cf. Lc 14,27).
Es decir, tomar como Él las propias cargas y las cargas de los demás, hacer de la vida un don, no una posesión, gastarla imitando el amor generoso y misericordioso que Él tiene por nosotros.
Se trata de decisiones que comprometen la totalidad de la existencia; por eso Jesús desea que el discípulo no anteponga nada a este amor, ni siquiera los afectos más entrañables y los bienes más grandes.
Pero para hacer esto es necesario mirarlo más a Él que a nosotros mismos, aprender a amar, obtener ese amor del Crucificado. Allí vemos el amor que se da hasta el extremo, sin medidas y sin límites. La medida del amor es amar sin medidas”.
Cerremos con dos frases magistrales que resumen el evangelio de hoy. Una de San Benito: «no anteponer nada al amor de Cristo». Y otra de San Ignacio de Loyola en sus Ejercicios Espirituales n° 189:
“Piense cada uno, que tanto se aprovechará en todas las cosas espirituales, cuanto saliere de su propio amor, querer e interés”.
Continuamos la meditación con las siguientes preguntas:
- ¿Qué lugar ocupa el amor por Jesús en mi escala de valores?
- ¿Qué afectos desordenados me impiden seguir plenamente a Jesús?
- ¿He experimentado alguna vez que renunciando a los afectos desordenados por Jesús después los he recuperado, pero ordenados?
- ¿He comprendido que debo seguir a Jesús cargando la cruz de mis límites y fragilidades?
- ¿He reflexionado bien antes de decidirme a seguir al Señor por entero como pide el evangelio de hoy?
Oración: ¿Qué le respondo al Señor que me habla en el texto?
Gracias Jesús por Tu Amor.
Quiero corresponderlo con todo lo que soy,
con todo lo que tengo.
Dame serte fiel, amándote y siguiéndote.
Quiero renunciar a lo que me desordena.
Dame tu valentía para cargar la cruz de mis fragilidades.
Completamente, enteramente.
Cuento con Vos, Jesús.
Amen.
Contemplación: ¿Cómo hago propias en mi vida las enseñanzas del texto?
Señor, que te ame más que a todos, más que a mí mismo, que cargue con mi cruz y te siga.
Acción: ¿A qué me comprometo para demostrar el cambio?
Durante esta semana me propongo hacer alguna renuncia concreta para dejar que el Señor ordene mis afectos.
Bitácora de grandes Lectionautas
“El estilo cristiano, sin cruz no es cristiano, y si la cruz es una cruz sin Jesús, no es cristiana.
El estilo cristiano toma la cruz con Jesús y va adelante. No sin cruz, no sin Jesús”. (Papa Francisco).