La siguiente guía tiene como fuente Lectionautas,  difundido por el Departamento de Animación y Pastoral Bíblica de la Conferencia Episcopal Argentina, elaborado por monseñor Damián Nannini (Obispo de San Miguel).

El Greco  – La expulsión de los mercaderes del templo (Cerca del 1600)  Óleo sobre lienzo,  106.3 cm x 129.7 cm. National Gallery, Londres.

Preparación espiritual

Espíritu Santo, quiero ponerme a tu servicio.
Espíritu Santo, toma mi vida para ser testigo de la Palabra.
Espíritu Santo, cuenta conmigo para la misión de hacer realidad el Reino.
Espíritu Santo, que en comunidad podamos vivir concretamente el evangelio.
Amén.

Evangelio según San Juan 2,13-22 | Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán

13 Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén 14 y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas. 15 Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas 16 y dijo a los vendedores de palomas: «Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio».
17 Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo por tu Casa me consumirá. 18 Entonces los judíos le preguntaron: «¿Qué signo nos das para obrar así?».
19 Jesús les respondió: «Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar». 20 Los judíos le dijeron: «Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?». 21 Pero él se refería al templo de su cuerpo. 22 Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho esto, creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado.

Algunas preguntas para una lectura atenta 

  1. ¿Qué fecha estaba cerca; a dónde va Jesús y qué encuentra allí?
  2. ¿Cómo reacciona Jesús ante lo que encuentra en el Templo y qué dice?
  3. ¿Qué palabra de la Escritura recuerdan los discípulos?
  4. ¿Qué diálogo tiene Jesús con los judíos? ¿Hablan de lo mismo?
  5. ¿Qué sucede con los discípulos después de la resurrección de Jesús?

Algunas pistas para comprender el texto:
Mons. Damián Nannini 

El relato se ubica en las cercanías de la fiesta de Pascua y en la ciudad de Jerusalén. Esta era la fiesta más importante para los judíos y todos los mayores de 12 años estaban obligados a peregrinar a la ciudad santa para celebrar allí la Pascua, por lo que Jerusalén estaría colmada de gente.

Los peregrinos, llegados de todas las regiones de Israel, tenían necesidad de cambiar su dinero “impuro” – porque tenía grabada la imagen del emperador romano, del César – por monedas aptas para hacer sus ofrendas en el Templo. Además, tenían necesidad de comprar los animales para ofrecer en sacrificio, pues no podían traerlos desde sus lugares de procedencia. Estas necesidades llevaron a que se montara un verdadero mercado al ingreso del templo, que revela el carácter profano y comercial que había adquirido esta fiesta religiosa.

Jesús, entonces, hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo reprochándoles que han hecho de la Casa de su Padre una casa de comercio. Nos ayuda a reconocer el sentido de este gesto profético de Jesús una idea presente en el judaísmo de entonces para quienes la purificación del Templo era una de las funciones del Mesías. Por tanto, el de Jesús es un gesto mesiánico, un signo de su llegada. Como bien nota G. Zevini: “Si el relato del milagro-signo de Caná (2,1-11) instaura la nueva alianza con la celebración de las bodas mesiánicas entre Jesús y la comunidad de los creyentes, el signo del templo (2,13-22) da paso a la actividad mesiánica de Jesús”. Notemos también que, al definir el Templo, la «casa o morada de Dios», como la «casa de su Padre», Jesús se está manifestando indirectamente como el Hijo de Dios. El evangelista comenta a continuación que los discípulos se acordaron del Salmo 69,10: “El celo por tu Casa me consumirá”, buscando legitimar desde las Escrituras el gesto de Jesús.

Sigue un diálogo con los judíos quienes le reclaman a Jesús un signo probatorio de su autoridad mesiánica y que justifique la acción de purificación del templo que ha realizado. Jesús no responde directamente al pedido del signo haciendo un milagro en ese momento; sino haciendo un anuncio que les resultó misterioso a todos los presentes, incluidos los discípulos: «Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar» (2,19).

Al final tiene que intervenir el evangelista para aclararnos que Jesús se refería al templo/santuario de su cuerpo (2,21); y que recién después de la resurrección de Jesús los discípulos comprendieron el sentido de esta expresión. Así, el gesto es iluminado por las palabras proféticas de Jesús que anuncian un nuevo Templo, el de su Cuerpo, que dará lugar a un nuevo culto, un culto auténtico, “en espíritu y en verdad”. Todo esto a partir de la Resurrección de Jesucristo, de su Pascua.

Meditación ¿Qué me dice el Señor en el texto?

El evangelio de hoy, leído y meditado en el contexto litúrgico de la fiesta de la dedicación de la Basílica de san Juan de Letrán nos invita a reflexionar sobre la esencia y misión de la Iglesia y su inseparable relación con Jesucristo.

Al respecto decía el Papa Francisco en el ángelus del 9 de noviembre de 2014:

“Cada vez que celebramos la dedicación de una iglesia, se nos recuerda una verdad esencial: el templo material hecho de ladrillos es un signo de la Iglesia viva y operante en la historia, esto es, de ese «templo espiritual», como dice el apóstol Pedro, del cual Cristo mismo es «piedra viva rechazada por los hombres, pero elegida y preciosa para Dios» (1 P 2, 4-8). Jesús, en el Evangelio de la liturgia de hoy, al hablar del templo revela una verdad sorprendente: que el templo de Dios no es solamente el edificio hecho con ladrillos, sino que es su Cuerpo, hecho de piedras vivas. En virtud del Bautismo, cada cristiano forma parte del «edificio de Dios» (1 Cor 3, 9), es más, se convierte en la Iglesia de Dios. El edificio espiritual, la Iglesia comunidad de los hombres santificados por la sangre de Cristo y por el Espíritu del Señor resucitado, pide a cada uno de nosotros ser coherentes con el don de la fe y realizar un camino de testimonio cristiano. Y no es fácil, lo sabemos todos, la coherencia en la vida, entre la fe y el testimonio; pero nosotros debemos seguir adelante y buscar cada día en nuestra vida esta coherencia. «¡Esto es un cristiano!», no tanto por lo que dice, sino por lo que hace, por el modo en que se comporta. Esta coherencia que nos da vida es una gracia del Espíritu Santo que debemos pedir. La Iglesia, en el origen de su vida y de su misión en el mundo, no ha sido más que una comunidad constituida para confesar la fe en Jesucristo Hijo de Dios y Redentor del hombre, una fe que obra por medio de la caridad. ¡Van juntas! También hoy la Iglesia está llamada a ser en el mundo la comunidad que, arraigada en Cristo por medio del bautismo, profesa con humildad y valentía la fe en Él, testimoniándola en la caridad. A esta finalidad esencial deben orientarse también los elementos institucionales, las estructuras y los organismos pastorales; a esta finalidad esencial: testimoniar la fe en la caridad”.

En fin, “Pidamos al Señor que libere a la Iglesia de los que quieren avejentarla, esclerotizarla en el pasado, detenerla, volverla inmóvil. También pidamos que la libere de otra tentación: creer que es joven porque cede a todo lo que el mundo le ofrece, creer que se renueva porque esconde su mensaje y se mimetiza con los demás. No. Es joven cuando es ella misma, cuando recibe la fuerza siempre nueva de la Palabra de Dios, de la Eucaristía, de la presencia de Cristo y de la fuerza de su Espíritu cada día. Es joven cuando es capaz de volver una y otra vez a su fuente.” (Cristo Vive n. 35)

Continuamos la meditación con las siguientes preguntas: 

  1. ¿Qué opinión tengo de mi Iglesia? ¿La quiero y valoro de verdad?
  2. ¿He encontrado a Cristo en la Iglesia? Hacer memoria de esto.?
  3. ¿Me siento miembro vivo y activo de la Iglesia?
  4. ¿Con la coherencia entre mi fe y mi vida doy testimonio de Cristo Vivo?
  5. ¿Qué tentaciones he tenido en relación a la marcha de la Iglesia?

Oración: ¿Qué le respondo al Señor que me habla en el texto? 

Gracias Jesús, por la Iglesia.
Gracias Jesús por mi bautismo que
me regala ser piedra viva.
Que siempre sea coherente con
lo que diga y haga.
Que pueda con tu gracia hacerles frente a las tentaciones
y vencerlas.
Que te encuentre en mi comunidad,
en la Palabra compartida, en la Eucaristía
y en cada hermano.
Amén.

Contemplación: ¿Cómo hago propias en mi vida las enseñanzas del texto?

Jesús que sea iglesia donde esté

Acción: ¿A qué me comprometo para demostrar el cambio?

Durante esta semana participaré de la Eucaristía en la parroquia o en una capilla de mi barrio compartiendo tiempo o algún servicio con alguien de la comunidad a quien no conozca tanto.

Bitácora de grandes Lectionautas 

“Caminemos en la alegría de la fe, para ser templo santo del Señor”. (Papa León XIV).